Confianza en la Providencia
El rasgo central de la espiritualidad de Mama Antula fue su confianza en la Providencia divina. Vivió de limosnas y aceptó la incertidumbre material propia de una misión itinerante. Sin embargo, su confianza no equivalía a pasividad. Recaudaba recursos, organizaba los retiros, solicitaba permisos y afrontaba personalmente las dificultades de cada viaje.,
El papa Francisco presentó esta actitud como una característica decisiva de su santidad: Mama Antula no puso su seguridad en el poder, en el prestigio ni en los bienes materiales, sino en Dios. Su llegada a Buenos Aires descalza y con un crucifijo expresa simbólicamente el abandono confiado que orientó su apostolado.
Espiritualidad ignaciana
La espiritualidad de Mama Antula nació del contacto con la Compañía de Jesús y quedó profundamente vinculada a los Ejercicios de san Ignacio de Loyola. La finalidad de esta tradición espiritual consiste en ayudar a la persona a discernir la voluntad de Dios, ordenar sus afectos y orientar toda la existencia hacia Cristo.
La fórmula ignaciana de buscar la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas resume el horizonte de su vida. Mama Antula no promovía los Ejercicios como una práctica reservada a religiosos, sino como un camino accesible a todos los estados de vida. El papa Francisco la consideró una pionera de la formación espiritual de laicos y sacerdotes.,
Penitencia y caridad
La santa practicó una vida austera. Viajaba con una túnica sencilla, descalza, con un cilicio y un bastón en forma de cruz. Estas expresiones de penitencia no constituían el centro de su espiritualidad, sino signos externos de una entrega interior a Dios y de solidaridad con Cristo sufriente.,
Su austeridad convivía con una intensa caridad. Recogía limosnas para mantener a los participantes de los retiros y atendía de modo particular a los pobres. La Iglesia ha visto en ella un ejemplo de la unión entre evangelización y servicio concreto a los necesitados.,
Devoción a san José y san Cayetano
María Antonia tomó el nombre de San José como expresión de su devoción al esposo de la Virgen María. También difundió en Buenos Aires la devoción a san Cayetano de Thiene, a quien invocaba como intercesor de la Providencia. A través de su apostolado, la veneración de san Cayetano arraigó en hogares, barrios, lugares de trabajo y ambientes populares de la ciudad.,
Esta devoción quedó relacionada con necesidades muy concretas: el trabajo digno, la justicia y el pan cotidiano de los pobres. La espiritualidad de Mama Antula no separaba la confianza en Dios de la responsabilidad ante las necesidades sociales.
Eucaristía
El papa Francisco también recordó el fervor eucarístico de Mama Antula. La Eucaristía ocupaba un lugar central en su vida cristiana y constituía la fuente de la fuerza necesaria para su apostolado. Esta dimensión permite comprender que su actividad misionera no se reducía a la organización de retiros, sino que brotaba de una vida sacramental y de una profunda unión con Cristo.