Juventud y decisión de vivir para Cristo
Según la tradición recogida en fuentes antiguas, Marcelina, aun antes de la muerte de su padre, habría viajado a Roma —lugar de origen familiar— y, antes incluso de la llegada de su madre con sus dos hijos, habría renunciado al mundo y optado por una vida de virginidad consagrada. Su vida se describe como entrega a la piedad y al ejercicio ascético, con un deseo interior centrado en Dios.,
No se trata de una simple preferencia privada: su decisión aparece como una respuesta consciente a una vocación, entendida como dedicación total. Por ello, su biografía presenta coherencia entre pensamiento, intención y modo de vivir.,
La consagración como virgen: Liberio y el sentido de la fidelidad
Un punto clave de su historia es la recepción del velo de la virginidad consagrada. La Enciclopedia Católica indica que ocurrió en el día de Navidad, probablemente del año 353, y que el rito fue conferido por el papa Liberio.
Butler, por su parte, sitúa la recepción en la Epifanía del año 353 y menciona que tuvo lugar en la basílica de San Pedro. Esta diferencia muestra que, aun dentro de una misma tradición, pueden variar detalles cronológicos y litúrgicos transmitidos por distintas recopilaciones.
En todo caso, el núcleo es común: el papa Liberio dirigió a Marcelina una exhortación cuyo contenido —según se conserva— fue especialmente subrayado por san Ambrosio como recordatorio de las obligaciones de las vírgenes cristianas, con énfasis en la fidelidad a la pureza virginal y en la vida interior.
Un rasgo espiritual resaltado en esta tradición es la insistencia en vivir con recolección, practicar la mortificación y comportarse en la Iglesia con respeto y temor reverencial, como expresión de amor a Cristo.
«…para preservar la pureza virginal» y para comprender la vida de la virgen consagrada como un compromiso que abarca el corazón y la conducta.
La relación con san Ambrosio: guía espiritual y ayuda en Milán
Cuando Ambrosio llegó a ser obispo de Milán (hacia 374), fue descrito como quien «llamó» a Marcelina para que estuviera allí. Desde entonces, se la presenta como una ayudante celosa que contribuyó a fomentar y extender la vida ascética entre las jóvenes de Milán.
La Enciclopedia Católica añade un dato importante para comprender su influencia: san Ambrosio dedicó a Marcelina su obra sobre la virginidad, escrita en 377, titulada Libri III de virginibus ad Marcellinam. Es decir, el testimonio no solo es biográfico, sino también literario-espiritual, porque la experiencia de Marcelina se convierte en referencia para la enseñanza de Ambrosio.
Butler, además, señala que Marcelina visitó a Ambrosio varias veces en Milán para conversar sobre la vida espiritual y apoyar su ministerio con las mujeres consagradas.