Margarita nació en Troyes, en la región francesa de Champaña, y recibió el bautismo el mismo día de su nacimiento. Fue la sexta de los doce hijos de Abraham Bourgeoys y Guillemette Garnier, una familia cristiana de condición acomodada. Cuando tenía diecinueve años murió su madre, y Margarita asumió responsabilidades en el hogar y en la educación de sus hermanos.1,2
El 7 de octubre de 1640, durante una procesión en honor de Nuestra Señora del Rosario, experimentó una intensa renovación espiritual ante una imagen de la Virgen María. A partir de entonces buscó una forma de consagrar su vida al servicio de Dios. Se incorporó a la Congregación externa de Troyes, una asociación de jóvenes que atendía a niños de barrios pobres y les enseñaba la doctrina cristiana. Su experiencia en esa labor educativa anticipó la misión que más tarde desarrollaría en Canadá.1
En 1642 supo de la fundación de Ville-Marie -nombre inicial de Montreal- y comenzó a considerar una vocación misionera. La decisión tomó forma en 1652, cuando Paul de Chomedey de Maisonneuve, fundador y gobernador de la colonia, buscó una maestra que enseñara gratuitamente a los niños franceses e indígenas. La biografía de su causa recoge que, ante sus dudas, Margarita recibió esta confirmación en una aparición de la Virgen: «Ve, no te abandonaré».1
Margarita partió de Troyes en febrero de 1653, sin recursos, y llegó a Montreal el 16 de noviembre de aquel año. La colonia afrontaba dificultades materiales y amenazas militares; ella se entregó desde su llegada a la enseñanza y al servicio de sus habitantes. La tradición biográfica católica la recuerda junto a Jeanne Mance y Maisonneuve como una de las figuras fundadoras de Montreal y de la Iglesia en Canadá.1




