Santa Margarita nació alrededor del año 1045 en el exilio, hija de Edward Ætheling, conocido como «el Exiliado», nieto de Edmund Ironside, rey anglosajón de Inglaterra. Su madre era Agatha, posiblemente emparentada con la familia imperial de Hungría. Tras la conquista normanda de Inglaterra en 1066, la familia de Margarita buscó refugio en el continente europeo.1
La tradición indica que Margaret y sus hermanos, incluido Edgar Ætheling, fueron acogidos en Hungría durante el reinado de San Esteban I, aunque no hay registros precisos que lo confirmen. Tras la muerte de su padre en 1057, Agatha decidió regresar a Inglaterra con sus hijos, pero una tormenta desvió su nave hacia las costas de Escocia. Allí fueron recibidos por Malcolm III, rey de Escocia, quien se enamoró de la belleza y virtud de Margarita.1,3
Inicialmente, Margarita contempló la vida monástica, influida por su educación piadosa y el ambiente de inestabilidad política. Sin embargo, Malcolm insistió en el matrimonio, que se celebró entre 1067 y 1070 en el castillo de Dunfermline. Este enlace unió la línea real anglosajona con la escocesa, trayendo bendiciones espirituales y culturales a la región.1,2

