Margarita María nació en Francia, en Lhautecour (cerca de Charolles), y la Iglesia la reconoce como virgen y religiosa de la Orden de la Visitación.1,3
Su biografía transcurre en un periodo de fuertes tensiones religiosas en Europa occidental. El camino de la fe se vivió con particular intensidad frente a amenazas doctrinales y espirituales que enfriaban la caridad. En ese clima, la devoción al Corazón de Jesús aparece vinculada, dentro del pensamiento eclesial, a una restauración del amor cristiano: Dios ofrece un «remedio» visible a la vez que espiritual, presentando a la humanidad el Corazón de Cristo como signo del amor ardiente con el que Jesús ama.2


