Infancia y formación cristiana
Nació con el nombre de Anna Francesca Boscardin en Brendola, localidad de la diócesis de Vicenza, en el seno de una familia campesina humilde. Sus padres fueron Angelo Boscardin y Maria Teresa Benetti. La formación religiosa recibida en casa y en la parroquia marcó su infancia; entre sus lecturas predilectas figuraba el catecismo que le había regalado el párroco. Lo estudiaba con asiduidad y también lo enseñaba a otras niñas.1,3
No recibió una educación académica extensa, pero aprendió a realizar con diligencia las tareas que le encomendaban. La documentación de su proceso de canonización recuerda su dedicación a la oración y a la enseñanza de la doctrina cristiana durante la niñez. Este interés por la fe, junto con su disposición para servir, precedió a su entrada en la vida religiosa.1,3
Ingreso en la vida religiosa
En 1905, con la ayuda de su párroco, ingresó en Vicenza en la congregación de las Hermanas Maestras de Santa Dorotea, Hijas de los Sagrados Corazones. Allí adoptó el nombre de María Bertilla. La tradición biográfica conserva una expresión suya dirigida a la maestra de novicias: «No sé hacer nada; soy una pobre criatura. Enséñame. Quiero llegar a ser santa». La frase resume la humildad con que afrontó su formación y su deseo de avanzar en la vida cristiana.1,4
Durante el primer periodo de vida religiosa trabajó en tareas domésticas, entre ellas la cocina, la panadería y la lavandería. Más adelante recibió formación como enfermera y fue destinada al hospital de Treviso, atendido por su congregación. Hizo la profesión religiosa en 1907; después, las autoridades la asignaron a una sala infantil, donde comenzó una labor asistencial que marcó el resto de su vida.4




