Orígenes y fundación
El origen del monasterio se remonta a los primeros siglos del cristianismo en la zona, cuando se estableció una comunidad benedictina bajo la regla de San Benedicto. La tradición local atribuye su fundación a la iniciativa de los primeros monjes que buscaban un lugar de oración en la ribera del Ebro.
Reforma cluniacense
Durante el siglo XI, el rey Sancho el Mayor intentó introducir la reforma cluniacense en Leyre, aunque encontró resistencia por parte de los obispos y abades en el Concilio de Pamplona de 1023. No fue sino hasta 1090, bajo el reinado de Sancho Ramírez, que la reforma se consolidó plenamente1. El concilio resolvió restablecer la sede de Pamplona y decretó que todos los obispos de Pamplona fueran, a partir de entonces, también abades de Leyre, siguiendo el modelo de Sancho I1.
Siglos XII‑XIII: Cistercienses y cluniacenses
En 1025 los monjes de Leyre se afiliaron a los canónigos de Pamplona, y el obispo Juan II tomó el título de Obispo de Pamplona y Leyre, firmando varios decretos con la fórmula «Joannes, ecclesiæ Navarrensium rector»1. Hasta el reinado de Sancho Ramírez (1076‑94) el monasterio permaneció como sede episcopal de Pamplona1. Posteriormente, el conde Teobaldo I introdujo monjes cistercienses en Leyre, aunque a finales del mismo siglo los monjes de Cluny retornaron y volvieron a ocupar el monasterio durante un tiempo1.
Declive y ruinas
A lo largo de los siglos, el monasterio perdió gran parte de su influencia y población monástica. En la actualidad, el edificio se encuentra en estado de ruina, y la iglesia que subsiste funciona como parroquia rural1. La esperanza de una restauración ha sido expresada por la Iglesia, que recuerda la importancia histórica de los antiguos monasterios benedictinos y la necesidad de preservar su legado arquitectónico y espiritual2.
