El nombre con el que la Iglesia la honra incorpora la invocación «del Monte Carmelo». En el expediente consta su nombre religioso y su identidad civil (Carmela Helena Rendiles Martínez), bajo el título de María del Monte Carmelo Rendiles Martínez.3
El marco del Carmelo remite a una espiritualidad mariana y contemplativa centrada en el seguimiento de Cristo y en la unión con el querer de Dios, con especial mirada a la Virgen como modelo de escucha y obediencia. Juan Pablo II, hablando del camino del Carmelo, presenta a María como la creyente que aprende a oír la Palabra y a cumplir la voluntad divina, y que persevera unida a su Hijo hasta la cruz.4
En la tradición devocional vinculada a «Monte Carmelo», el recuerdo de María sostiene una pedagogía espiritual: la contemplación de la Virgen educa el corazón para avanzar hacia Cristo, y la fe mariana se convierte en escuela de vida cristiana.5,6



