La Pasión de Cristo
El centro de la vida interior de María Francisca fue la contemplación de Jesucristo crucificado. La devoción a las cinco llagas no consistía solo en venerar una imagen o una práctica piadosa, sino en participar espiritualmente en el misterio del amor redentor de Cristo.
Los relatos biográficos describen que los viernes, especialmente durante la Cuaresma, experimentaba dolores que asociaba interiormente con la Pasión. También hablan de signos corporales relacionados con los estigmas. Sin embargo, conviene distinguir entre la experiencia mística interior y la manifestación física externa.
La experiencia mística designa una acción gratuita de Dios percibida en la interioridad de la persona, sin que proceda simplemente de su esfuerzo psicológico o ascético. La teología espiritual distingue esa experiencia de sus posibles efectos sensibles, como el éxtasis, la pérdida temporal de los sentidos o determinados fenómenos corporales. La existencia de un fenómeno físico no constituye por sí misma una prueba de santidad; la Iglesia atiende también a la humildad, la obediencia, la caridad, la fidelidad doctrinal y el conjunto de la vida cristiana. La investigación teológica ha advertido, además, la dificultad de convertir una experiencia subjetiva en un dato objetivamente verificable.
En el caso de María Francisca, las biografías antiguas hablan de estigmas que, según esos relatos, no siempre presentaban una forma visible. También describen dolores corporales vinculados a la Pasión. Estos testimonios pertenecen al ámbito de la tradición biográfica y no deben confundirse con una definición dogmática ni con una obligación de fe para los católicos.,
La Eucaristía
La Eucaristía ocupó un lugar central en su vida. La tradición relata que recibía la comunión diariamente y que experimentó una intensa devoción por el Santísimo Sacramento. Algunos relatos antiguos atribuyen a su intercesión o experiencia acontecimientos extraordinarios relacionados con la sagrada forma. Estos episodios pertenecen al género de las narraciones hagiográficas y requieren una lectura prudente, distinta de la afirmación de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, que pertenece a la fe católica.,
Su piedad eucarística estaba unida a la caridad. La Eucaristía no aparecía como una experiencia privada separada de la vida, sino como fuente de amor hacia los pobres, los enfermos y quienes sufrían. La tradición católica presenta precisamente la comunión con Cristo como una llamada a compartir con los demás el amor recibido.
La Virgen María y san Francisco
María Francisca profesó una devoción particular a la Virgen María y a san Francisco de Asís. Su espiritualidad combinó la contemplación mariana del sufrimiento de Cristo con la pobreza, la penitencia y la fraternidad propias de la tradición franciscana. La elección de su nombre religioso expresaba esa síntesis espiritual.
La figura de san Francisco también influyó en su amor al Niño Jesús, a la Eucaristía y a la Pasión. Los relatos de su vida la presentan como una mujer profundamente vinculada a las formas clásicas de la piedad franciscana del siglo XVIII.