El título la Antigua identifica una advocación concreta de la Virgen María. En la tradición católica, las distintas advocaciones marianas no designan diosas distintas ni separan a María en figuras diferentes: expresan formas particulares de venerar a la misma Madre de Jesús, vinculadas a imágenes, lugares o tradiciones de devoción. En este caso, la advocación aparece asociada a Sevilla, ciudad cuyas devociones marianas viajaron con sus habitantes a los territorios americanos.1
La difusión de estas advocaciones acompañó la migración y el poblamiento españoles en América. Quienes cruzaban el océano llevaban consigo el recuerdo de la Virgen venerada en su parroquia, localidad o ciudad de origen, y reproducían en el Nuevo Mundo títulos e imágenes familiares. La devoción a Santa María la Antigua formó parte de ese traslado de prácticas religiosas y de nombres marianos.1,2




