Etimología
El término «la Blanca» hace referencia a la pureza y a la luz que la tradición atribuye a la Virgen María. En la iconografía medieval, el color blanco simboliza la inmaculada virginidad y la santidad de la Madre de Dios. Esta designación se popularizó en la España medieval, particularmente en los territorios reconquistados, como señal de la renovación espiritual que acompañaba la transformación de edificios musulmanes o judíos en santuarios cristianos1.
Primera aparición histórica
Los primeros testimonios de una imagen bajo este título aparecen en el siglo XI, cuando la estatua de la Virgen Blanca fue preservada en el monasterio de Leyre antes de ser trasladada a la catedral de Pamplona. La devoción se consolidó rápidamente, convirtiéndose en un punto focal de la piedad popular en la región navarra2.
