Cronología medieval
La antigua sinagoga de Santa María la Blanca pertenece, en términos generales, al siglo XIII, aunque la cronología transmitida por la historiografía antigua aparece expresada con cautela. La Catholic Encyclopedia la incluye entre las sinagogas toledanas de ese periodo y la diferencia de El Tránsito, edificio del siglo XIV.
El inmueble forma parte de un momento en el que Toledo desarrolló una arquitectura de gran riqueza cultural. La ciudad reunía artesanos y tradiciones constructivas de procedencia diversa. Los repertorios islámicos, adaptados a edificios cristianos y judíos, dieron origen a soluciones que la historiografía española identifica como mudéjares.
El mudéjar y la tradición islámica
Santa María la Blanca suele relacionarse con el mudéjar toledano, aunque la clasificación estilística requiere precisión. La presencia de formas islámicas no convierte el edificio en una mezquita ni permite atribuirle automáticamente una construcción musulmana. La arquitectura mudéjar designa precisamente la adopción de fórmulas árabes o islámicas en contextos posteriores a la conquista cristiana.
La Catholic Encyclopedia consideraba Santa María la Blanca y El Tránsito dos de los mejores ejemplos de arquitectura de formas moriscas desarrollada bajo influencia judía. Esta descripción pone de relieve una doble dimensión: por un lado, el repertorio formal procede en buena medida del ambiente artístico islámico; por otro, el edificio responde a las necesidades de una comunidad judía medieval.
Conviene evitar, sin embargo, una simplificación frecuente: no existe una arquitectura sinagogal medieval única y universal. Las sinagogas podían adoptar lenguajes locales. En la península Ibérica, la proximidad cultural entre las comunidades judías y musulmanas favoreció el uso de decoraciones, proporciones y sistemas espaciales que también aparecen en mezquitas y edificios civiles. El estilo visual, por sí solo, no determina la función religiosa original.
Organización interior
La concepción sinagogal del edificio debe diferenciarse de la organización que presenta una iglesia católica. En una sinagoga medieval, el centro litúrgico no era un altar eucarístico. La atención se concentraba en la custodia y lectura de los rollos de la Ley, en la proclamación de las Escrituras y en la reunión de la comunidad. El arca y la plataforma de lectura constituían los elementos esenciales de ese ámbito cultual.
La iglesia católica, por el contrario, organiza su espacio en torno al altar, lugar de la celebración eucarística, y al ámbito destinado a la proclamación del Evangelio, la presidencia litúrgica y la participación sacramental de los fieles. La arquitectura cristiana occidental desarrolló con frecuencia naves, ábsides, capillas y galerías según las necesidades de la liturgia y de la comunidad.
La configuración actual de Santa María la Blanca no debe leerse como una sinagoga medieval intacta ni como una iglesia construida desde el principio para el culto cristiano. El edificio pertenece a ambas historias: conserva la memoria arquitectónica de su origen judío y, al mismo tiempo, recibió una nueva interpretación religiosa tras su incorporación al ámbito católico.