La Basílica Liberiana: fundación en el siglo IV
La tradición cristiana identifica el origen de Santa María la Mayor con la Basílica Liberiana, llamada así por el papa Liberio. Juan Pablo II explica el relato tradicional: el 5 de agosto del año 352, apareció la Virgen María al patricio romano Juan, ordenándole erigir una iglesia en el lugar donde, al día siguiente, caería una abundante nevada. El papa Liberio tuvo también un sueño semejante.
El día siguiente cayó nieve en el cerro Esquilino; el papa trazó el plan de la iglesia y la comunidad la construyó con fondos del patricio Juan. La tradición conecta este acontecimiento con el nombre alternativo de la basílica: «Santa María de la Nieve» y también «Basílica Liberiana».,
La Enciclopedia Católica recoge la orientación devocional del mismo modo: la dedicación del templo en el Esquilino sirve como fundamento del título «Our Lady of the Snow» (Nuestra Señora de la Nieve) y vincula el edificio con Liberio (352-366).
La reconstrucción de Sixto III en el siglo V
La historia de Santa María la Mayor muestra continuidad, renovaciones y reforzamiento del sentido teológico. Juan Pablo II afirma que, unos ochenta años después, el papa Sixto III reconstruyó la basílica hacia el año 432, con el propósito de exaltar el dogma de la maternidad divina de María, proclamado el año anterior en el Concilio de Éfeso.,
Pío XII, al describir la importancia del templo liberiano, subraya la presencia de los mosaicos de Sixto III, que conservan su resplandor y funcionan como monumento destacado de la maternidad divina de la Virgen María.
La nieve como signo: devoción y significado espiritual
La devoción a Nuestra Señora de la Nieve nace de un signo narrado por la tradición: una nevada extraordinaria determinó el lugar de la futura basílica. En clave pastoral, el papa Francisco presenta la liturgia de la dedicación como una celebración marcada por dos signos: la «nevada» tradicional y el icono de Salus Populi Romani; el Papa invita a leer el significado de la nevada como símbolo.
Francisco conecta el signo con la enseñanza interior de la fe: el creyente conserva la capacidad de asombro y de maravilla ante lo gratuito. El Papa compara el don de la gracia con una nevada inesperada: la gracia no se compra ni se merece; llega como regalo y despierta admiración.,
De esta manera, la nieve no actúa solo como elemento folclórico, sino como memoria simbólica de la gracia. La liturgia permite recuperar el mensaje de fondo del acontecimiento: Dios guía la historia de la Iglesia y orienta el peregrinar hacia Cristo y su Madre.,