Promotores y acto fundacional
El monasterio real de Las Huelgas fue fundado por Alfonso VIII, a instancias de su consorte doña Leonor de Inglaterra, en torno al año 1180. Tras completarse la obra necesaria para la instalación, llegaron las primeras monjas desde el monasterio de Tulebras (en Navarra), conforme a la voluntad expresada por los fundadores.
La primera abadesa recibió el encargo fundacional a través de la figura de doña Misol o María Sol, a la que se dirigió la carta de fundación.
Donaciones regias y configuración del señorío monástico
La carta de fundación de Alfonso VIII concedió a la comunidad el señorío de diversas villas y territorios, además de exención total de impuestos y una amplia dotación de inmunidades y franquicias, con un régimen jurídico sustentado en el privilegio otorgado «bajo la prerrogativa del rey». La amplitud de tales mercedes creció con el tiempo: a finales del siglo XIV, ningún señor feudal en Castilla, salvo el monarca, superaba a Las Huelgas en número de vasallos.
Esta densidad de privilegios temporales explica el peso social del monasterio dentro de la Castilla medieval y también la posibilidad de que su gobierno alcanzara esferas más amplias que la mera clausura monástica.
Incorporación a la Orden del Císter y proyección en Castilla y León
En 1199, Las Huelgas se incorporaron solemnemente a la Orden del Císter. A partir de entonces, asumieron un papel decisivo como lugar de enterramiento de la familia real y como casa madre para monasterios de monjas cistercienses establecidos en Castilla y León. El capítulo general de la Orden organizó además un sistema de reunión: Las Huelgas se convirtieron en lugar de encuentro anual de las abadesas para la celebración de su capítulo.
La historia de la expansión cisterciense femenina en España muestra el lugar específico que ocupó Las Huelgas dentro de una red nacida tras el primer monasterio femenino cisterciense de Tulebras (1134). Con el paso de las décadas, Las Huelgas se reconoció como la fundación cumbre para el área castellana.