Fundación y primeros años
El monasterio se fundó alrededor del año 1180 bajo el patrocinio del rey Alfonso VIII y la reina Leonor, quienes buscaban un lugar de retiro para mujeres nobles y una casa de oración vinculada a la Corona1. La primera abadesa, Doña Misol (también conocida como María Sol), recibió el carisma cisterciense y la regla de San Benedicto, adaptada a la vida femenina bajo la guía del propio San Bernardo de Claraval.
Incorporación a la Orden Cisterciense
En 1199 el convento fue oficialmente incorporado a la Orden Cisterciense, convirtiéndose en la madre‑casa de todas las comunidades de monjas cistercienses de Castilla y León2. Este hecho consolidó su autoridad espiritual y administrativa, y dio inicio a la celebración de capítulos generales anuales donde las abadesas de toda la región se reunían para deliberar sobre la vida monástica y la disciplina de la orden2.
Papel como sepulcro real
Desde sus primeros años, el monasterio sirvió como sepulcro real. Fue el lugar de enterramiento de varios miembros de la familia de los reyes de Castilla, entre ellos el propio Alfonso VIII y su esposa Leonor. La presencia de los restos reales reforzó la estrecha relación entre la Corona y la comunidad monástica, y convirtió a Las Huelgas en un símbolo de la piedad y el patrocinio real hacia la Iglesia1.
