Los orígenes de la sede pamplonesa
La catedral forma parte de una tradición cristiana vinculada a los orígenes de la Iglesia en Navarra y a la antigua sede episcopal de Pamplona. La historia de la diócesis aparece íntimamente relacionada con la evolución política del Reino de Navarra, con sus monasterios y con las relaciones entre Navarra, Aragón, Castilla y Francia.1,2
Durante la Edad Media, los obispos de Pamplona desempeñaron funciones religiosas y también una notable responsabilidad pública. El obispo ocupaba el primer puesto en las Cortes de Navarra y participaba en actos solemnes relacionados con los monarcas, como la proclamación, la unción y la bendición de los príncipes.3 La catedral, por tanto, no fue solo un lugar de culto: actuó como centro espiritual de la diócesis y como uno de los espacios institucionales más relevantes del antiguo reino.
El cabildo catedralicio
El cabildo pamplonés tuvo una organización compleja y una presencia decisiva en la vida de la diócesis. Desde finales del siglo XI adoptó la Regla de San Agustín, después de que los canónigos abandonaran temporalmente Pamplona y se refugiaran en Leire durante las incursiones musulmanas. La tradición capitular recibió posteriormente confirmaciones pontificias.3
El cabildo comprendía diversas dignidades y arcedianatos, además de oficios relacionados con la liturgia, la administración y la atención a los pobres y enfermos. La catedral contaba también con dependencias destinadas a la vida comunitaria de los canónigos, como claustros, dormitorios, refectorios, cocina, huerto y oficinas.3


