Infancia y juventud
Caterina Lucrecia de' Pazzi nació el 2 de abril de 1566 en Florencia, en el seno de una de las familias más ilustres de la ciudad renacentista, los Pazzi, conocidos por su influencia política y eclesiástica. Hija de Camilo Geri de' Pazzi y María Buondelmonti, fue bautizada en la gran fuente bautismal de la Catedral de Florencia con el nombre de Caterina, en honor a santa Catalina de Siena.4,3,5
Desde su infancia mostró una sensibilidad sobrenatural extraordinaria. A los diez años recibió su primera comunión con un fervor que impresionó a cuantos la conocieron, y poco después consagró su virginidad a Dios con un voto privado. Su atracción por el Santísimo Sacramento era intensa: anhelaba recibirlo frecuentemente y se deleitaba en la proximidad de quienes acababan de comulgar. Practicaba la oración y la penitencia con naturalidad, compartiendo su caridad con los pobres y enseñando verdades religiosas a sus iguales.5
Educada inicialmente por las Damas de Malta, Caterina resistió las presiones sociales de un entorno noble que la destinaba al matrimonio. A los catorce años, ingresó como externa en el convento de las Cavalaresse, donde su vida mortificada llevó a las religiosas a profetizar su santidad. Tras el regreso breve a su hogar por deseo paterno, reafirmó su vocación y, en diciembre de 1582, entró en el Carmelo de Santa María de los Ángeles en el Borgo San Frediano de Florencia, atraída por su estricta observancia y la práctica diaria de la comunión.4,2,5
Vida monástica
El 30 de enero de 1583, Caterina recibió el hábito carmelita y adoptó el nombre de María Magdalena. Su noviciado fue fervoroso, marcado por un deseo ardiente de sufrir por amor a Cristo. Durante la ceremonia del hábito, al recibir el crucifijo, su rostro se iluminó con una radiance sobrenatural, y exclamó interiormente su anhelo de imitar las dolores de Jesús.4
Enfermedad grave la acometió en marzo de 1584, impidiéndole yacer en cama. Pidió profesar votos anticipadamente y, el 27 de mayo —fiesta de la Trinidad—, fue llevada en un lecho ante el altar de la Virgen para pronunciar sus votos de castidad, pobreza y obediencia. Inmediatamente después, entró en un éxtasis de más de una hora, seguido de cuarenta días de consuelos celestiales y raptos frecuentes.3,5
Ocupó cargos de responsabilidad: maestra de externas, formadora de jóvenes monjas y, durante seis años, maestra de novicias. Su gobierno era estricto pero impregnado de caridad, destacando su don de leer corazones. En 1604 fue elegida superiora. A pesar de su fragilidad física, mantuvo una observancia rigurosa, combinando sentido común práctico con exigencia espiritual.1,5

