María Magdalena, cuyo nombre probablemente proviene de Magdala, una localidad cerca de Tiberíades en la costa occidental de Galilea, es mencionada en el Nuevo Testamento como una de las mujeres que acompañaron a Cristo y le sirvieron con sus propios medios1,2. San Lucas registra que de ella habían salido siete demonios1,3.
Ella estuvo presente al pie de la cruz durante la crucifixión de Jesús, junto con la Santísima Virgen María y el discípulo amado1,2,4. También fue testigo del entierro de Cristo1,5,4.
El momento culminante en la vida de María Magdalena fue su encuentro con el Cristo resucitado. Fue la primera persona a quien Jesús se manifestó después de su resurrección, y a ella le confió la gozosa noticia para que la anunciara a los apóstoles1,5,2,6,4,7. Este hecho la convierte en la «apóstol de los apóstoles» (apostolorum apostola), un título que le fue otorgado por Santo Tomás de Aquino y reconocido por Papas como San Juan Pablo II y Benedicto XVI8,2,6,7.
