Contemplación y liturgia
La contemplación constituía el centro de la existencia de Matilde. Su oración no permanecía separada de la vida cotidiana del monasterio, sino que impregnaba la enseñanza, el canto, el trabajo y el servicio a las hermanas. El papa Benedicto XVI presentó su espiritualidad como una unión entre oración, contemplación, doctrina y servicio al prójimo.
Matilde poseía una capacidad particular para vivir interiormente los distintos momentos del año litúrgico. A partir de las fiestas del Señor, de la Virgen María y de los santos, ayudaba a sus hermanas a comprender el sentido espiritual de cada celebración y a llevarla a la vida diaria. La liturgia constituía para ella una verdadera escuela de fe.
Su actividad como cantora tenía, por tanto, una dimensión mucho más profunda que la puramente musical. El canto litúrgico expresaba la alabanza de la comunidad y orientaba el corazón hacia Dios. La tradición la relacionó con la imagen del «ruiseñor de Cristo», debido a su amor por la alabanza divina y a su servicio constante en el coro.,
Humildad y discernimiento
Las biografías medievales describen a Matilde como una mujer de gran inteligencia, pero también de profunda humildad. Las religiosas acudían a ella para recibir orientación, consuelo y ayuda en el discernimiento espiritual. Su autoridad no procedía solo de sus conocimientos, sino también de su trato cercano y de su capacidad para acoger el sufrimiento ajeno.
La tradición de Helfta atribuyó a Matilde una especial capacidad para comprender las preocupaciones interiores de quienes acudían a ella. Religiosas, laicos y personas procedentes de otros lugares buscaban su consejo. Sus contemporáneos la consideraban una consoladora y una guía espiritual.
Sufrimiento y penitencia
Matilde padeció durante largos periodos enfermedades y sufrimientos físicos intensos. A esas pruebas añadió penitencias voluntarias ofrecidas por la conversión de los pecadores. La espiritualidad medieval interpretó su sufrimiento como una participación en la pasión de Jesucristo, siempre unido a la oración y al amor.,
Esta dimensión penitencial no puede separarse de su confianza en la misericordia divina. La tradición que transmitió sus palabras presenta la preparación para la muerte como un abandono en la voluntad de Dios y como una esperanza fundada en la gracia de Cristo.