Orígenes y matrimonio
Matilde nació hacia 895 en Engern, en Westfalia. Pertenecía a una familia sajona de rango aristocrático: el cronista Thietmar de Merseburgo la relacionó con la estirpe de Widukindo y la identificó como hija de Teodorico y Reinilda. Durante su juventud recibió formación en el monasterio de Herford, en un ambiente ligado a la vida religiosa.1,3
En 909 contrajo matrimonio con Enrique, entonces un noble sajón. Enrique le entregó Walhausen como dote. Más tarde, en 912, heredó el ducado de Sajonia y, en 918, fue elegido rey de Germania, tras la muerte de Conrado I. El ascenso de su marido convirtió a Matilde en reina y la situó en el centro de una familia con gran influencia política en los territorios germánicos.1
Matilde y Enrique tuvieron cinco hijos: Otón, que llegó a ser emperador; Enrique, duque de Baviera; Bruno, arzobispo de Colonia; Gerberga, esposa del rey Luis IV de Francia; y Eduviges, madre de Hugo Capeto. Estos matrimonios y cargos eclesiásticos vincularon a la familia con las principales casas y dignidades de la Europa occidental del siglo X.1
Reina y madre de una familia dinástica
Los relatos sobre Matilde la presentan como una mujer de fe, generosa con los necesitados y dispuesta a interceder por quienes sufrían. Su piedad no quedó restringida a la devoción personal: el recuerdo de su actividad une la oración con la atención a pobres, enfermos y personas desamparadas.1,4
«Como reina, Matilde fue humilde, piadosa y generosa, y siempre estuvo dispuesta a ayudar a los oprimidos y desafortunados».1
Enrique murió en 936. Antes había expresado su deseo de que Otón, su hijo mayor, le sucediera. Matilde, en cambio, prefería a Enrique, su hijo predilecto, y favoreció su candidatura. Otón fue elegido y coronado rey el 8 de agosto de 936. Tres años después, Enrique se rebeló contra su hermano; tras fracasar, se sometió y recibió el ducado de Baviera, en parte gracias a la intercesión de su madre.1
La intervención de Matilde en esta disputa refleja la complejidad de su posición: era madre de los herederos, viuda del rey y una figura capaz de influir en las relaciones entre sus hijos. Su preferencia por Enrique no prevaleció en la sucesión, pero su mediación contribuyó a su reconciliación con Otón.1


