La noticia de los mártires que la tradición liga a Córdoba (año aproximado 852) no procede de crónica moderna, sino de relatos hagiográficos transmitidos en la Iglesia. En la presentación clásica de san Albano Butler se señala que la memoria o registro de san Eulogio de Toledo (Memorialis sanctorum) constituye prácticamente la fuente principal para conocer estos hechos, y que el material relevante fue recogido en la edición de los Acta Sanctorum.1
En esa misma línea, el relato tradicional insiste en que san Eulogio no solo acompañó espiritualmente a los perseguidos, sino que escribió —o promovió— las cuentas de sus vidas, sufrimientos y muertes, y entre ellas menciona a estos mártires conmemorado en Córdoba.2,1
