La primera soberana cristiana de la dinastía rúrika
Olga fue la primera gobernante de la Rus de Kiev que recibió el bautismo. Esta condición le otorgó una importancia excepcional en la memoria cristiana de los pueblos eslavos orientales.
Después de su regreso, promovió la fe cristiana en su entorno y trató de impulsar la evangelización de sus dominios. La tradición recuerda su actividad misionera y su deseo de que la nueva fe alcanzara a la sociedad de Kiev.
El papa san Juan Pablo II presentó a Olga como una mujer que, después de recibir la luz cristiana, procuró transmitirla a su pueblo. También subrayó que las dificultades políticas, culturales y geográficas impidieron que su proyecto alcanzara plenamente el resultado que esperaba.
La relación con su hijo Sviatoslav
Olga intentó convencer a Sviatoslav para que recibiera el bautismo, pero el príncipe rechazó la propuesta. La tradición cronística atribuye su negativa al temor de que sus guerreros y colaboradores se burlaran de él por adoptar una religión considerada extranjera.
Sviatoslav mantuvo sus convicciones paganas durante su vida. Por ello, la conversión de Olga no produjo una transformación inmediata de la élite política ni de las estructuras religiosas de la Rus. Sin embargo, su testimonio dejó una herencia cristiana que alcanzaría una importancia decisiva en la generación siguiente.
La búsqueda de misioneros occidentales
Olga no recurrió exclusivamente a Constantinopla. Hacia 959 envió una embajada al emperador germánico Otón I para solicitar misioneros destinados a la tierra de Kiev. La iniciativa condujo a una misión vinculada con san Adalberto de Magdeburgo, aunque el proyecto no consiguió consolidarse y encontró una recepción hostil en la Rus.
Este episodio muestra que la evangelización de la Rus mantuvo contactos tanto con el mundo bizantino como con el cristianismo latino. En el siglo X todavía no había tenido lugar la ruptura definitiva entre Oriente y Occidente, por lo que la búsqueda de ayuda misionera en ambas áreas no debe interpretarse automáticamente mediante las divisiones confesionales posteriores.