El crecimiento del instituto exigió decisiones, perseverancia y capacidad de dirección en circunstancias complejas. Con solo siete años desde la fundación, la biografía sitúa a Paula en Roma, el 19 de mayo de 1841, acompañada de dos novicias. Allí surgieron dificultades, pero ella las afrontó con disponibilidad, aceptando incluso condiciones materiales muy precarias para establecer la primera casa.
Un hecho significativo de ese periodo fue su encuentro con el Papa Gregorio XVI, quien se complació con la obra de las Hermanas de Dorotea. Según la biografía, se trató para Paula de una gran recompensa espiritual en medio de la pobreza y las enfermedades que aquejaban a las religiosas, que no contaban siquiera con dinero para medicinas.
Poco después, en 1844, el Papa confió a Paula la dirección del Conservatorio de Santa María del Refugio en San Onofrio. La biografía explica que con la presencia y la acción de Paula esa institución recibió una impronta nueva y un giro decisivo; además, por su labor, San Onofrio se convirtió en Casa Generalicia.
Las dificultades políticas y la fidelidad
El texto biográfico reconoce que el siglo XIX trajo tensiones: en 1846 se menciona la difusión de un «espíritu antirreligioso» en Italia que también alcanzó a las Doroteas. A pesar del sufrimiento —incluidas las «primeras horas de fuerte sufrimiento» en Génova— y la situación difícil en Roma (con el Papa Pío IX obligado a refugiarse en Gaeta), Paula permaneció al frente de una comunidad numerosa y superó aquellos momentos con fe valiente.
Nuevas sedes y proyección internacional
La biografía describe un periodo de gran expansión hacia el final de su vida. Ya en los años posteriores a su etapa romana, el instituto se consolidó en Liguria y en los territorios pontificios, y se extendió a otras regiones de Italia y al extranjero.
Entre los proyectos mencionados se incluyen sedes en Nápoles, un convicto en Bolonia y un orfanato en Recanati.
En el ámbito misionero, se señala que en 1866 partieron las primeras religiosas hacia Brasil, y en el mismo año se abrió también otra meta hacia Portugal. La biografía conserva una frase atribuida a Paula que resume su visión: exhortó a sus hijas a ser «antorchas» y «hogueras ardientes» que, al tocar, encienden el fuego del amor de Dios.