Santa Perpetua aparece en las tradiciones litúrgicas y hagiográficas vinculada de forma inseparable a Santa Felicidad y a un grupo de confesores: Revocato, Saturus, Saturnino y Secúndulo.1
Las tradiciones antiguas describen a Perpetua como una mujer nacida en un ambiente respetable (de buena posición), casada, educada con esmero y con un hijo pequeño en el pecho. Tenía alrededor de veintidós años en el momento de su encarcelamiento y conservaba todavía, en el horizonte concreto de su vida, la inquietud por su familia.2,1
En el marco de la persecución imperial, Perpetua y sus compañeros afrontaron un proceso judicial y una condena pública que culminó con el martirio en el anfiteatro de Cartago.1
