La casa de Priscila y Aquila no solo fue un lugar de residencia para San Pablo, sino que se convirtió en un verdadero centro de la vida cristiana primitiva,. San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, envía saludos de «Aquila y Prisca, junto con la iglesia que se reúne en su casa» (1 Corintios 16:19). Este pasaje, junto con otros similares, destaca el papel crucial de las casas de los creyentes como lugares donde los primeros cristianos se reunían para escuchar la Palabra de Dios y celebrar la Eucaristía,.
El término griego «ekklesìa», que significa «convocación, asamblea, reunión», se aplicaba a estas comunidades domésticas. Así, la casa de Priscila y Aquila en Corinto, y más tarde en Éfeso y Roma, se transformó en una verdadera «Iglesia». San Juan Crisóstomo subraya que Pablo no llamaba «Iglesias» a cualquier casa, sino a aquellas donde había mucha piedad y un profundo temor de Dios.
Éfeso: Formación y Catequesis
Después de un año y medio en Corinto, Pablo partió con Priscila y Aquila hacia Éfeso, en Asia Menor,. Allí, la pareja desempeñó un papel decisivo en la formación cristiana del judío alejandrino Apolo. Apolo, aunque «poderoso en las Escrituras», solo conocía la fe superficialmente a través de algunos discípulos de Juan el Bautista. Priscila y Aquila «lo tomaron consigo y le expusieron más exactamente el camino de Dios» (Hechos 18:26),. Este acto de catequesis es un testimonio de su profundo conocimiento de la fe y su habilidad para instruir a otros.
Durante la tercera expedición misionera de San Pablo, su casa en Éfeso sirvió como su cuartel general. La comunidad cristiana continuó reuniéndose en su hogar, reafirmando su papel como domus ecclesiae.
Regreso a Roma y Reconocimiento Apostólico
Posteriormente, Priscila y Aquila regresaron a Roma, donde continuaron su preciosa función de anfitriones de la comunidad cristiana. En su Carta a los Romanos, San Pablo los saluda con un elogio extraordinario: «Saludad a Prisca y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que por mi vida expusieron sus cuellos; a quienes no solo yo doy gracias, sino también todas las Iglesias de los gentiles; saludad también a la iglesia que se reúne en su casa» (Romanos 16:3-5),.
Este reconocimiento de Pablo los identifica como verdaderos e importantes colaboradores de su apostolado. La mención de que «expusieron sus cuellos» por la vida de Pablo sugiere que intervinieron a su favor durante alguna de sus estancias en prisión, quizás en Éfeso. La gratitud de Pablo, unida a la de «todas las Iglesias de los gentiles», indica la vasta influencia de su acción y su impacto positivo en la difusión del Evangelio.
A pesar de sus frecuentes cambios de residencia, probablemente debido a las persecuciones (la expulsión de judíos de Roma bajo Claudio, y posiblemente la persecución de Nerón), su compromiso con la fe y la comunidad nunca flaqueó. Finalmente, se sabe que regresaron a Éfeso, donde Pablo les envió saludos en su Segunda Carta a Timoteo (2 Timoteo 4:19),.