El elemento más característico de la santidad de Radegunda, por su proyección histórica, fue la fundación de un monasterio femenino en Poitiers, identificado más adelante con el nombre de Santa Cruz (en la tradición). La memoria de la santa insiste en que el monasterio fue, además, un caso temprano de monasterio doble, es decir, comunidades de hombres y mujeres organizadas en relación estrecha, y que por ese motivo se subraya una exigencia de clausura estricta y permanente.
La regla de san Cesario y el ideal monástico
Se indica que la disciplina escogida fue la de san Cesario de Arlés. Bajo esa orientación, las monjas debían dedicar tiempo diario al estudio; se añade que Radegunda conocía algo de latín, y que su influencia convirtió a Santa Cruz en un lugar de encuentro para quienes buscaban aprender y vivir en paz.
La tradición también afirma que, en medio del rigor espiritual, la comunidad no era sólo un refugio de aislamiento, sino una escuela de vida: se recoge la insistencia en que cada monja aprendiera el salterio de memoria y fuera capaz de leer, reforzando así el vínculo entre oración y formación.
Radegunda y la solicitud por la paz
Se narra que, cuando surgían rumores de guerra, Radegunda enviaba cartas a los combatientes, exhortándoles a desistir en nombre de Cristo. A la vez, el relato subraya su severidad penitencial «con su propio cuerpo», presentando una espiritualidad que no separaba la corrección interior del amor efectivo hacia la comunidad.