Origen y condición social
La tradición presenta a Regina como hija de Clemente, un hombre pagano de posición acomodada. Su madre habría muerto poco después de su nacimiento, y una mujer cristiana habría asumido su educación. Cuando el padre descubrió la adhesión de su hija al cristianismo, la rechazó.
La joven habría regresado entonces junto a su nodriza y habría trabajado como pastora para ganarse la vida. Este detalle explica varias representaciones artísticas de la santa y vincula su figura a otros relatos de vírgenes mártires que cuidaban rebaños antes de comparecer ante un magistrado romano. Sin embargo, la estructura narrativa -padre pagano, conversión de la hija, rechazo familiar y trabajo humilde- pertenece a un modelo hagiográfico frecuente en las vidas de mártires antiguas. La narración no permite confirmar con seguridad todos esos datos biográficos.
La propuesta de Olibrius
El prefecto Olibrius habría conocido a Regina mientras ella cuidaba los rebaños. Atraído por su belleza y por su origen familiar, quiso tomarla como esposa. Regina rechazó la propuesta porque había consagrado su virginidad a Dios y no quiso renunciar a la fe cristiana.
La tradición añade que Clemente, al conocer el interés de un pretendiente socialmente importante, habría aceptado de nuevo a su hija. Regina, sin embargo, mantuvo su decisión. El relato contrapone así dos formas de pertenencia: la dependencia familiar y política, por una parte, y la libertad de la conciencia cristiana, por otra.
Prisión, torturas y ejecución
Tras su negativa, Olibrius habría ordenado encarcelarla. Regina permaneció firme en su confesión cristiana y sufrió diversos tormentos. El Martirologio Romano resume su pasión con tres elementos: prisión, suplicio en el potro y abrasamiento con antorchas, antes de la condena a muerte.
La versión narrativa transmitida por Butler describe además una visión nocturna en la prisión: Regina habría recibido consuelo espiritual mediante la visión de una cruz luminosa y una voz que anunciaba su próxima liberación. Al día siguiente, después de nuevos tormentos, habría sido decapitada. Una paloma resplandeciente, suspendida sobre la mártir, habría provocado la conversión de algunos espectadores.
La Iglesia honra a los mártires por su testimonio de fe, pero la lectura histórica de los relatos antiguos requiere distinguir entre el núcleo venerable de la tradición y los recursos literarios empleados para edificar a los fieles. La comparación de la pasión de Regina con la de santa Margarita muestra que ciertos motivos -la joven pastora, el funcionario que pretende someterla, la defensa de la virginidad, las torturas y los signos milagrosos- circulaban ampliamente en la literatura hagiográfica. Butler observa expresamente el parecido entre ambos relatos.