La leyenda de Santa Regina narra que nació en la Galia de un padre pagano llamado Clemente1. Fue confiada al cuidado de una mujer cristiana, quien la crio en la fe de Cristo1. Cuando su padre descubrió su conversión, la repudió y Regina regresó a vivir con su nodriza, ganándose la vida como pastora1,2. Esta ocupación humilde, en la que demostró cualidades de cuidado y dedicación, es una de las razones por las que se le considera patrona de los pastores2.
Su belleza y buena cuna atrajeron la atención de Olybrius, un prefecto romano, quien deseaba casarse con ella1. Sin embargo, Regina, habiendo hecho voto de virginidad, rechazó su propuesta, así como las persuasiones de su padre, quien ahora estaba dispuesto a reconocerla debido a la distinguida oferta de matrimonio1.
