Del duelo a la vocación religiosa
Después de la muerte de su esposo y de sus hijos, Rita quedó libre de sus vínculos familiares inmediatos y orientó toda su vida hacia Dios. La tradición afirma que desde joven había deseado entrar en un monasterio, pero que aceptó el matrimonio por obediencia a sus padres. Tras enviudar, intentó ingresar en el monasterio de Santa María Magdalena de Casia, vinculado a la espiritualidad agustina.
Su admisión no resultó inmediata. Las normas de la comunidad parecían reservar el ingreso a mujeres vírgenes, mientras que Rita era viuda y procedía de una familia relacionada con un conflicto sangriento. La tradición sostiene que su perseverancia y la reconciliación entre las familias implicadas facilitaron finalmente su entrada en el monasterio.
La fecha tradicional de su ingreso suele situarse en torno a 1413, aunque la cronología general de su vida no permite afirmar todos los detalles con absoluta seguridad.
Vida comunitaria y obediencia
En el monasterio, Rita vivió durante aproximadamente cuarenta años dedicada a la oración, la penitencia, la obediencia y la caridad fraterna. Juan Pablo II describió este periodo como una existencia humilde, retirada de la notoriedad pública y abierta a la intimidad con Dios.
Una tradición relata que la superiora le ordenó regar diariamente un tronco seco para probar su obediencia. Rita habría cumplido la tarea durante largo tiempo hasta que el tronco reverdeció y produjo una planta vigorosa. El relato posee un claro carácter simbólico: la obediencia perseverante permite que Dios haga fecunda una realidad que parece estéril.
La espiritualidad de Rita no redujo la santidad a fenómenos extraordinarios. Su vida religiosa destacó, ante todo, por la fidelidad cotidiana a la regla, la humildad ante la autoridad, el servicio a las hermanas y la contemplación de Cristo crucificado.