Devoción a Cristo y a la Virgen
La espiritualidad de Santa Rosa se centró en Jesucristo, especialmente en su infancia, en la Eucaristía y en la Pasión. La tradición relata que, mientras oraba ante una imagen de la Virgen con el Niño Jesús, recibió una llamada interior que orientó definitivamente su vida hacia el amor exclusivo a Cristo.,
También profesó una intensa devoción mariana. La Virgen ocupaba un lugar constante en sus oraciones y en su confianza espiritual. Entre las devociones asociadas a Rosa destaca el Rosario, unido a su pertenencia a la familia dominicana.,
La mística en la Contrarreforma
Rosa vivió en el clima espiritual de la Contrarreforma, periodo posterior al Concilio de Trento en el que la Iglesia católica impulsó la renovación de la vida sacramental, la disciplina eclesiástica, la predicación, la dirección espiritual y la práctica de la penitencia. La mística de aquel tiempo valoraba la unión interior con Dios, pero la vinculaba estrechamente a la doctrina, a la obediencia eclesial y a la recepción de los sacramentos.
En ese marco, las experiencias de éxtasis, locuciones interiores, consolaciones y desolaciones formaban parte del lenguaje espiritual de los procesos hagiográficos. La Iglesia no identifica automáticamente todo fenómeno extraordinario con la santidad. Los relatos sobre las experiencias de Rosa fueron examinados durante las investigaciones previas a su beatificación y canonización. Las biografías antiguas describen tanto consolaciones espirituales como tentaciones, angustias interiores y periodos de sequedad.,,
El análisis histórico-crítico debe mantener una doble cautela. Por una parte, no puede reducir sin más la experiencia religiosa a una explicación psicológica o médica. Por otra, tampoco puede presentar como hechos históricamente verificables todos los detalles narrados por la tradición devocional. Algunas biografías antiguas admiten la posibilidad de causas naturales en determinados fenómenos atribuidos a Rosa, aunque la Iglesia la reconoció por el conjunto de sus virtudes y por su orientación hacia Cristo.
Mortificación corporal
La mortificación ocupó un lugar destacado en la vida espiritual de Rosa. Practicó ayunos, vigilias, austeridades alimentarias y otras formas de penitencia. Las biografías tradicionales describen también una corona con puntas, cadenas y un lecho construido con materiales ásperos.,
Estas prácticas deben interpretarse dentro de la espiritualidad penitencial de los siglos XVI y XVII. Para Rosa, el sufrimiento unido a la fe podía convertirse en una participación espiritual en la Pasión de Cristo y en una súplica por la conversión de los pecadores. La tradición resume esa disposición en una oración atribuida a ella: «Señor, aumenta mis sufrimientos y aumenta también tu amor en mi corazón».,
La mortificación cristiana no constituye un fin autónomo ni autoriza a despreciar el cuerpo. Su sentido teológico tradicional consiste en ordenar los deseos, combatir el egoísmo y unir la propia vida al sacrificio de Cristo. Las austeridades extraordinarias de Rosa no forman una norma para todos los cristianos. La tradición ascética las considera una vocación particular, sometida al discernimiento espiritual y a la obediencia.