Origen familiar
La tradición sitúa el nacimiento de Rosalía en una familia noble de Sicilia. Su padre habría sido Sinibaldo, señor de Quisquina, y su madre, Rosa. Algunas versiones la presentan como descendiente de Carlomagno, aunque este dato pertenece al lenguaje simbólico de la hagiografía y no cuenta con confirmación histórica suficiente.
El relato de su origen cumple una función teológica: cuanto mayores son los bienes, la posición social y las expectativas familiares, mayor aparece la libertad de la joven que los abandona para seguir a Cristo. La tradición no convierte la nobleza en un mal, pero muestra que ningún privilegio terreno puede ocupar el lugar de Dios.
Abandono del mundo
Durante su juventud, Rosalía habría renunciado a la vida acomodada de su familia. La tradición la sitúa primero en una cueva cercana a Bivona y después en otra gruta del monte Pellegrino, próximo a Palermo. Allí habría vivido en soledad, oración y penitencia hasta su muerte.
El retiro de Rosalía pertenece al ideal cristiano de la vida eremítica, desarrollado desde los primeros siglos del cristianismo. El ermitaño abandona la vida ordinaria para buscar una relación más intensa con Dios mediante la oración, el silencio, la austeridad y la penitencia. Este género de vida no implica desprecio hacia las personas, sino una forma peculiar de intercesión y consagración.
Posible relación con la vida religiosa oriental
Las tradiciones posteriores discutieron si Rosalía había pertenecido a una comunidad religiosa antes de instalarse como ermitaña. La tradición basiliana la reivindicó como miembro de su familia espiritual, y algunas representaciones la muestran con hábito de monja basiliana y una cruz griega en la mano. No existe certeza histórica sobre su ingreso en una comunidad concreta.
Alban Butler menciona también una tradición vinculada a los religiosos griegos de Sicilia. Según esa tradición, un crucifijo conservado en el monasterio bizantino de San Salvador de Mesina llevaba una inscripción relacionada con una «hermana Rosalía Sinibaldi». La tradición identificó posteriormente esa pieza con un objeto trasladado a Palermo, aunque la atribución no permite reconstruir con seguridad la trayectoria biográfica de la santa.
Por tanto, conviene describir a Rosalía como ermitaña y virgen consagrada, sin afirmar de manera categórica que profesara como monja basiliana. La iconografía basiliana expresa una interpretación tradicional de su santidad, pero no constituye por sí misma una prueba documental de pertenencia jurídica a una orden.