Existen dos figuras llamadas Salomé en los Evangelios, pero la tradición católica se centra en una de ellas como Santa Salomé1.
Salomé, la madre de los hijos de Zebedeo
La Salomé venerada como santa es identificada en los Evangelios como la madre de Santiago el Mayor y Juan el Evangelista, los hijos de Zebedeo1,2,3. El Evangelio de Marcos la menciona entre las mujeres que observaban la crucifixión desde lejos, junto con María Magdalena y María, la madre de Santiago el Menor y de José1. El Evangelio de Mateo, en un pasaje paralelo, se refiere a ella como «la madre de los hijos de Zebedeo»1. Esta comparación de los textos bíblicos sugiere una alta probabilidad de que sean la misma persona1.
Salomé también es mencionada en el contexto de una petición a Jesús, donde ella pide que sus dos hijos se sienten uno a su derecha y el otro a su izquierda en su Reino1,3,4,5. Esta petición revela su deseo de asegurar el futuro de sus hijos y su creencia en Jesús como el Mesías que restauraría el reino de Israel4,5. Aunque la petición muestra una comprensión imperfecta de la naturaleza del Reino de Cristo, también denota una gran fe y amor maternal4,5.
Los padres de Santiago y Juan, Zebedeo y Salomé, parecen haber sido personas de ciertos recursos. Zebedeo era un pescador del lago de Galilea con hombres a su servicio, y Salomé fue una de las mujeres piadosas que siguieron a Cristo y le sirvieron con sus bienes2.
La otra Salomé
Es importante distinguir a esta Salomé de la otra Salomé, la hija de Herodes Filipo y Herodías, quien, a petición de su madre, solicitó la cabeza de Juan el Bautista1,6. Esta última Salomé no es la figura venerada como santa.

