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Santa Salomé

Santa Salomé es el nombre tradicional de una de las mujeres discípulas de Jesús que permanecieron cerca de la cruz y acudieron al sepulcro en la mañana de Pascua. La tradición cristiana también relacionó su nombre con María Salomé, esposa de Zebedeo y madre de los apóstoles Santiago y Juan. No debe confundirse con la hija de Herodías, vinculada a la muerte de san Juan Bautista, ni con la beata Salomé de Polonia, religiosa clarisa del siglo XIII.

Saint Salome
Ver información de la imagenSalomé la Portadora de la Mirra, c. 2016. Original, Wolfymoza, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSanta Salomé
CategoríaPersona
DescripciónMujer discípula de Jesús que permaneció junto a la cruz y acudió al sepulcro en la mañana de Pascua; tradicionalmente asociada a la madre de Santiago y Juan
AtributosVaso de ungüentos, perfume, presencia junto a la cruz
Contexto HistóricoPrimer siglo, comunidad cristiana de Jerusalén que seguía a Jesús.
Fecha de Celebración24 de abril
ImportanciaModelo de fidelidad, servicio humilde y testimonio pascual en la tradición cristiana.
TipoSanto, Discípula de Jesús

Tabla de contenido

Identidad de Santa Salomé en el Nuevo Testamento

Salomé entre las mujeres discípulas

El Evangelio según san Marcos menciona a Salomé entre las mujeres que contemplaban desde lejos la crucifixión de Jesús:

«Estaban también allí algunas mujeres mirando desde lejos, entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé».1

El mismo evangelista la incluye entre las mujeres que compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús:

«Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a ungirlo».2

Los relatos evangélicos presentan a Salomé como una mujer vinculada al grupo de discípulas galileas que acompañaron a Jesús y permanecieron fieles durante la pasión. Su presencia junto a la cruz y su visita al sepulcro la sitúan entre los primeros testigos cristianos de la muerte y la resurrección del Señor.

La tradición litúrgica conmemora a María Cleofás y Salomé, junto con María Magdalena, como las mujeres que acudieron al sepulcro al amanecer de Pascua y recibieron el anuncio de la resurrección.3

¿Es Salomé la madre de Santiago y Juan?

El Evangelio según san Mateo presenta a la madre de los hijos de Zebedeo acercándose a Jesús para pedir un lugar de honor para sus hijos, Santiago y Juan (Mt 20,20-21). En el relato de la crucifixión, Mateo habla de «la madre de los hijos de Zebedeo» entre las mujeres que contemplaban la muerte de Jesús (Mt 27,56).

La comparación entre Mateo y Marcos permite identificar con bastante probabilidad a la madre de los hijos de Zebedeo con la Salomé mencionada por Marcos. La antigua tradición cristiana adoptó ampliamente esta identificación. La Enciclopedia Católica considera que la comparación de ambos pasajes ofrece una base razonable para reconocer a una misma mujer en los dos relatos.2

Esta identificación no aparece formulada de manera explícita por todos los evangelistas. Por ello conviene distinguir entre:

  • El dato bíblico directo: Marcos llama Salomé a una de las mujeres presentes en la crucifixión y en la visita al sepulcro.
  • La identificación tradicional: Mateo llama «madre de los hijos de Zebedeo» a una mujer que probablemente corresponde a la misma persona.
  • La interpretación posterior: algunos autores antiguos relacionaron a Salomé con la familia extensa de la Virgen María.

Salomé y el parentesco en el Nuevo Testamento

El sentido amplio de «hermano» y «hermana»

La identificación genealógica de Salomé exige prudencia. Los textos del Nuevo Testamento emplean términos de parentesco dentro de un ambiente semítico, donde palabras traducidas como «hermano» o «hermana» podían abarcar relaciones más amplias que la fraternidad biológica estricta.

En hebreo y en arameo, el vocabulario familiar podía incluir al hermano de sangre, al hermanastro, al primo, al miembro de un mismo clan o a otro pariente próximo. El griego del Nuevo Testamento conserva en determinados contextos esa amplitud semántica. Por ello, la palabra «hermano» no demuestra por sí sola que exista consanguinidad directa en el sentido moderno.4

Este aspecto resulta relevante para interpretar Juan 19,25, donde aparecen varias mujeres junto a la cruz: la madre de Jesús, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. La relación exacta entre estas mujeres no queda completamente definida por el texto. La antigua tradición y los comentaristas han propuesto diversas reconstrucciones familiares, pero ninguna permite presentar como certeza histórica todos los detalles de la genealogía.

María de Cleofás y Salomé

Marcos identifica a una de las mujeres presentes en la crucifixión como Salomé, mientras que Juan menciona a María de Cleofás. Algunos autores antiguos y medievales intentaron identificar ambas figuras; otros las distinguieron.

La tradición recogida por Papías, transmitida por Eusebio de Cesarea, distingue a María Salomé, esposa de Zebedeo y madre de Santiago y Juan, de María, esposa de Cleofás. El mismo testimonio muestra que la tradición antigua reflexionaba sobre los vínculos familiares entre las mujeres del Evangelio, aunque no ofrece una solución unánime a todos los problemas de identificación.5

Por este motivo, conviene utilizar expresiones como «la tradición identifica» o «la interpretación más extendida relaciona», en lugar de presentar como dato seguro que Salomé fuera hermana carnal de la Virgen o idéntica a María de Cleofás.

Salomé como testigo de la pasión y de la resurrección

Presencia junto a la cruz

Las mujeres discípulas desempeñaron una función decisiva en la transmisión de la memoria de la pasión. Mientras muchos discípulos varones habían huido, ellas permanecieron cerca del lugar de la crucifixión y observaron dónde colocaban el cuerpo de Jesús.

El Evangelio según san Marcos sitúa a Salomé junto a María Magdalena y María, madre de Santiago y José. El texto no describe un discurso suyo ni registra palabras pronunciadas por ella. Su testimonio nace de la fidelidad: acompaña a Jesús en la hora de la muerte y participa después en las prácticas funerarias.

Visita al sepulcro

La visita al sepulcro tenía una finalidad piadosa y funeraria: completar la unción del cuerpo de Jesús con aromas. Salomé aparece así asociada a la primera comunidad de mujeres que reciben el anuncio pascual.

Marcos presenta el sepulcro abierto y el anuncio del joven vestido de blanco: Jesús crucificado ha resucitado y ya no permanece entre los muertos (Mc 16,1-8). La tradición cristiana contempló en estas mujeres a las primeras anunciadoras de la Pascua, aunque los evangelios organizan de manera distinta sus nombres y funciones.

La conmemoración litúrgica de María Cleofás y Salomé conserva esta memoria de fidelidad y de servicio. Su figura representa a quienes permanecen junto a Cristo en el sufrimiento y buscan al Señor incluso cuando todavía no comprenden plenamente el misterio de la resurrección.

Distinción entre las distintas Salomé

El nombre Salomé corresponde a varias figuras bíblicas y cristianas. La distinción evita confusiones frecuentes.

Salomé, discípula de Jesús

Es la mujer mencionada por Marcos entre las testigos de la crucifixión y de la visita al sepulcro. La tradición la relaciona con la madre de Santiago y Juan.

Salomé, hija de Herodías

La hija de Herodías aparece en los relatos de Mateo 14,6-8 y Marcos 6,22. Bailó durante el banquete de Herodes Antipas y, a petición de su madre, pidió la cabeza de Juan el Bautista. El Evangelio no ofrece su nombre; la denominación «Salomé» procede de la tradición histórica y de la identificación con la hija de Herodías mencionada por Flavio Josefo.2,6

Esta mujer no recibe culto cristiano como santa. La tradición cristiana la presenta vinculada a un acto de violencia contra el profeta Juan y la distingue completamente de la discípula que acompañó a Jesús.

Salomé de Polonia

La beata Salomé de Polonia nació hacia comienzos del siglo XIII, perteneció a la nobleza polaca y contrajo matrimonio con Colomán, príncipe relacionado con la corona húngara. Tras la muerte de su esposo, favoreció a los franciscanos, fundó una comunidad de clarisas y finalmente ingresó en ella. Ejerció como abadesa y murió el 17 de noviembre de 1268. El papa Clemente X aprobó su culto en el siglo XVII.3

Su memoria corresponde al 17 de noviembre, mientras que la conmemoración de María Cleofás y Salomé figura el 24 de abril en la tradición litúrgica que las honra como mujeres del Evangelio.

Salomé y Judit de Oberaltaich

La tradición medieval veneró también a Salomé y Judit, dos reclusas asociadas al monasterio de Oberaltaich, en Baviera. Una narración tardía las presenta como mujeres de origen inglés vinculadas a la realeza, pero la documentación histórica no permite confirmar esa genealogía. El relato conservado adquirió su forma definitiva varios siglos después de la época que atribuye a las dos mujeres.7

Estas reclusas pertenecen a una tradición hagiográfica distinta de la Salomé evangélica.

Etimología del nombre

Salomé procede del ámbito lingüístico hebreo y arameo relacionado con šālôm, término que expresa paz, plenitud y bienestar. El nombre guarda relación con la misma raíz semítica presente en «Salomón».

En el contexto bíblico, el nombre no proporciona por sí solo información biográfica. La existencia de varias mujeres llamadas Salomé refleja la difusión de nombres hebreos en la Palestina del siglo I, pero no permite identificar automáticamente a unas con otras.

Culto litúrgico y desarrollo medieval

La memoria de las mujeres del sepulcro

La veneración de Salomé nació de la lectura litúrgica de los relatos de la pasión y la resurrección. Las comunidades cristianas recordaban especialmente a las mujeres que permanecieron junto a Jesús y acudieron al sepulcro. La liturgia las presentó como modelos de fidelidad, servicio y escucha del anuncio pascual.

Durante la Edad Media, los martirologios y calendarios locales contribuyeron a fijar conmemoraciones diferenciadas. La tradición occidental agrupó a María Magdalena, María Cleofás y Salomé en el contexto de las mujeres que acudieron al sepulcro, aunque las listas evangélicas no coinciden plenamente en todos los nombres.

El desarrollo del breviario y de los libros litúrgicos medievales favoreció la incorporación progresiva de memorias de santos y santas en el ciclo anual. Los estudios sobre la formación del breviario romano muestran la importancia de los martirologios y de los libros del oficio en la configuración medieval de la memoria litúrgica.8

La fiesta de María Cleofás y Salomé

La tradición litúrgica celebra a María Cleofás y Salomé como mujeres que acompañaron a María Magdalena al sepulcro. La fecha del 24 de abril mantiene esta memoria en el calendario de santos con una celebración de rango menor.

La liturgia no pretende resolver todas las cuestiones de crítica histórica sobre la identidad de cada mujer. Su finalidad principal consiste en proclamar la fidelidad de estas discípulas y su participación en el anuncio de la resurrección.

La memoria de la beata Salomé de Polonia

El culto medieval y moderno a Salomé de Polonia siguió un camino diferente. Su memoria nació en el ámbito franciscano y clariano, vinculada a su vida de viuda consagrada, benefactora de los frailes menores y abadesa de una comunidad de clarisas. Su figura encarna el ideal medieval de una mujer noble que transforma su posición social en servicio cristiano, pobreza religiosa y gobierno comunitario.3

Iconografía

Atributos de la Salomé evangélica

La iconografía de Salomé, discípula de Jesús, suele integrarla en escenas colectivas:

  • La crucifixión, junto a María Magdalena y otras mujeres.
  • El descendimiento de la cruz, como testigo del entierro.
  • La visita al sepulcro, con un recipiente de perfumes o ungüentos.
  • Las mujeres ante el ángel, en representaciones de la mañana de Pascua.

El atributo más característico es el vaso de ungüentos, que recuerda su intención de ungir el cuerpo de Cristo. La presencia de este objeto permite distinguirla a veces de otras mujeres representadas en los ciclos de la pasión, aunque la identificación iconográfica no siempre resulta segura.

Representación de la Salomé de Polonia

La beata Salomé de Polonia aparece como viuda, reina o religiosa clarisa. Sus imágenes pueden incluir:

  • El hábito de las clarisas.
  • La corona, como referencia a su origen regio.
  • El libro de la regla.
  • El báculo abacial.
  • Una cruz o un rosario.
  • Elementos alusivos a la fundación de su monasterio.

La combinación de corona y hábito expresa su tránsito de la dignidad cortesana a la vida religiosa. El arte devocional presenta así la santidad no como rechazo de la historia personal, sino como orientación de los bienes, responsabilidades y vínculos hacia Dios.

Diferencia iconográfica respecto a la hija de Herodías

La hija de Herodías aparece normalmente como bailarina ante Herodes, asociada al banquete y a la entrega de la cabeza de Juan Bautista. La Salomé discípula, en cambio, aparece junto a la cruz o con los perfumes destinados al sepulcro.

La iconografía cristiana utiliza estas diferencias para separar dos figuras con el mismo nombre: una representa la fidelidad de la discípula; la otra, dentro de la narración evangélica, queda vinculada al drama moral de la muerte de Juan.

Significado espiritual

La figura de Santa Salomé transmite tres rasgos principales.

Fidelidad en la prueba

Salomé permanece cerca de Jesús cuando la pasión parece concluir toda esperanza. Su presencia junto a la cruz recuerda que la fe cristiana no consiste solo en acompañar a Cristo durante los momentos de triunfo, sino también en permanecer con él en el sufrimiento.

Servicio humilde

La compra de perfumes y la intención de ungir el cuerpo expresan un servicio concreto. Salomé no aparece como protagonista pública, pero realiza una obra de amor hacia el cuerpo de Jesús.

Testimonio pascual

Su visita al sepulcro la sitúa en el umbral del anuncio de la resurrección. La tradición cristiana reconoce en ella a una mujer que busca al Señor con amor y recibe la revelación de que la muerte no tiene la última palabra.

Conclusión

Santa Salomé, entendida principalmente como discípula de Jesús, pertenece al grupo de mujeres que acompañaron al Señor hasta la cruz y acudieron al sepulcro en la mañana de Pascua. La tradición la identifica probablemente con la madre de Santiago y Juan, aunque los evangelios no formulan esa identificación de manera expresa. La interpretación de los parentescos del Nuevo Testamento exige reconocer que «hermano» y «hermana» podían designar relaciones familiares amplias, no solo hermanos carnales.

Su culto litúrgico y su iconografía la presentan como modelo de fidelidad, servicio y testimonio de la resurrección. La distinción entre la Salomé evangélica, la hija de Herodías, la beata Salomé de Polonia y las reclusas de Oberaltaich permite conservar la riqueza de la tradición cristiana sin confundir personajes de épocas y contextos diferentes.

Citas y referencias

  1. Mc 15,40.
  2. Mc 16,1. 2 3
  3. Bd. Salomé, viuda (a.C. 1268), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 378 (1990). 2 3
  4. David Braine. La Virgen María en la Fe Cristiana: El Desarrollo de la Enseñanza de la Iglesia sobre la Virgen María en Perspectiva Moderna, 24 (2009).
  5. B10, Papías. Fragmentos de Papías, 10.
  6. Herodías. Enciclopedia Católica, Herodías (1913).
  7. Santas Salomé y Judit (siglo IX?), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, 677 (1990).
  8. Martyrologio, Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen I), 315 (1999).
Modificado el 13 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.98 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/12j0ww0j3

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