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Santa Sara (esposa de Abraham)

Sara, también llamada Sarai antes del cambio de nombre narrado en el Génesis, fue la esposa de Abrahán y madre de Isaac. La tradición cristiana la recuerda como matriarca del pueblo de Israel y como mujer vinculada a la promesa divina. No debe confundirse con Sara, hija de Ragüel y esposa de Tobías, personaje del libro de Tobías.1

Sarah Abraham
Ver información de la imagenSarah y Abraham recibiendo a tres ángeles, c. 1914. http://clipart.christiansunite.com/Bible_Characters_Clipart/Abraham_Clipart/index2.shtml, la Providence Lithograph Company, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSanta Sara (esposa de Abraham)
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Sara
  • Sarai
DescripciónEsposa de Abrahán y madre de Isaac, vinculada a la promesa divina
TítuloMatriarca
Lugar de MuerteHebrón
ReferenciasGénesis, Gálatas, Romanos, Hebreos, 1 Pedro, Isaías 51,2
Contexto BíblicoGénesis
Edad al Morir127 años
ImportanciaMatriarca del pueblo de Israel y madre de Isaac
Lugar de SepulturaCueva de Macpelá, en Hebrón
Personas RelacionadasAbrahán, Isaac, Ismael, Agar
TipoFigura bíblica, Matriarca

Tabla de contenido

Identidad y parentesco

El Génesis presenta a Sara como esposa de Abrahán. Antes de que Dios cambie sus nombres, el relato llama a la pareja Abrán y Sarai; a partir del capítulo 17 emplea Abrahán y Sara. Una antigua interpretación relaciona el nombre Sara con «princesa», mientras que el significado de Sarai resulta menos claro.1

En Génesis 20,12, Abrahán explica que Sara era hija de su padre, pero no de su madre. Por tanto, en los términos del relato, ambos compartían padre y eran hermanos por línea paterna, aunque no por línea materna. Agustín también recuerda que algunos usos antiguos aplicaban las palabras «hermano» y «hermana» a parientes más lejanos; sin embargo, la explicación de Abrahán en ese pasaje permite hablar de parentesco paterno sin convertir a Sara en hermana de padre y madre.1,2

La Biblia no identifica de manera inequívoca a la madre de Sara. Por ello, conviene distinguir lo que expresa el propio pasaje -su vínculo paterno con Abrahán- de las reconstrucciones posteriores sobre su genealogía.1,2

Sara en el libro del Génesis

La esterilidad y la promesa de un hijo

Durante muchos años, Sara no tuvo descendencia. Al envejecer, dejó de esperar que pudiera tener hijos. Abrahán tuvo a Ismael con Agar, la sierva egipcia de Sara, después de que esta se la entregara para que tuviera descendencia mediante ella. El relato diferencia así a los dos hijos de Abrahán: Ismael nació de Agar; Isaac, hijo de Sara, nació conforme a la promesa divina.1,3

Dios anunció a Abrahán que Sara tendría un hijo. Cuando oyó la promesa, ella reaccionó con incredulidad y risa, pues ambos eran ya ancianos. El nacimiento de Isaac, sin embargo, cumplió lo anunciado: Sara dio a luz cuando tenía noventa años. El Génesis interpreta ese nacimiento como fruto de la promesa de Dios, no como algo que la pareja pudiera esperar por sus propias fuerzas.1,3

El nombre Isaac queda ligado a la risa que acompaña el anuncio y el cumplimiento. La incredulidad inicial de Sara da paso a la alegría por el hijo recibido. El relato no presenta su risa como la última palabra, sino que narra cómo la promesa supera lo que parecía humanamente posible.3

Los episodios de Egipto y Guerar

El Génesis cuenta que, durante una estancia en Egipto motivada por el hambre, Abrahán pidió a Sara que dijera que era su hermana. El faraón la tomó en su casa, pero Dios intervino y ella volvió con Abrahán. El libro narra un episodio parecido más adelante: en Guerar, Abimélec tomó a Sara después de que Abrahán la presentara como su hermana; una intervención divina llevó al rey a devolverla.1,3

Estos pasajes enlazan la presentación de Sara como hermana de Abrahán con el parentesco paterno que ambos comparten según Génesis 20,12. La narración también muestra que Sara queda expuesta a las decisiones de su marido y a la actuación de gobernantes extranjeros.1,2

Agar, Ismael e Isaac

Después del nacimiento de Isaac, Sara pidió a Abrahán que expulsara a Agar y a Ismael. El motivo expreso del Génesis es que Ismael no debía compartir la herencia con Isaac. Abrahán sufrió por la decisión, pero Dios le pidió que atendiera la petición de Sara y prometió que también haría de Ismael un pueblo.3

El relato mantiene juntas dos afirmaciones: Isaac ocupa el lugar de heredero vinculado a la promesa hecha a Abrahán, e Ismael también recibe una promesa de futuro. La historia de Sara incluye así tanto el cumplimiento de la promesa mediante Isaac como un conflicto familiar doloroso, que afecta a Agar e Ismael.3

Muerte y sepultura

Sara murió a los ciento veintisiete años. Abrahán la enterró en la cueva de Macpelá, en Hebrón, en un sepulcro adquirido para ese fin. El Génesis relata con detalle la compra del terreno, que quedó asociado a la memoria de la familia patriarcal.1,3

Sara en el Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento recurre a Sara al hablar de la promesa, la fe y la descendencia de Abrahán. La carta a los Romanos relaciona el nacimiento de Isaac con la confianza en Dios; la carta a los Gálatas contrapone a Agar, la esclava, con Sara, la mujer libre; y la carta a los Hebreos recuerda la fe de Sara ante la promesa de un hijo.1

La primera carta de Pedro presenta a Sara como ejemplo de respeto a su marido. Esta referencia forma parte de una exhortación dirigida a sus lectores y debe leerse dentro de ese contexto, no como una descripción exhaustiva de su personalidad ni como si el Génesis mostrara una vida conyugal libre de tensiones.1

Isaías 51,2 evoca a Sara como madre del pueblo elegido. De este modo, su figura queda vinculada no solo a la historia doméstica de Abrahán, sino también al origen de un pueblo nacido de la promesa.1

Interpretación cristiana y tipología bíblica

En la interpretación tipológica, los acontecimientos y personajes bíblicos conservan su realidad histórica dentro del relato y, a la vez, pueden anunciar otras realidades de la historia de la salvación. La lectura de Sara junto a Agar y de Isaac junto a Ismael ocupa un lugar importante en la argumentación de Pablo en Gálatas 4,22-31.1,4

Pablo contrapone a Agar, la mujer esclava, con Sara, la mujer libre. En su lectura alegórica, Agar representa la alianza asociada al Sinaí y a la Jerusalén presente; Sara, en cambio, corresponde a la Jerusalén de arriba, libre y madre de los creyentes. El hijo de Sara, Isaac, nace conforme a la promesa; el hijo de Agar, Ismael, nace según la carne, expresión que en este pasaje distingue los dos modos de nacimiento y no niega que ambos formen parte de la historia narrada en el Génesis.4,5

La tradición cristiana ha aplicado esta imagen de la Jerusalén celestial a la Iglesia, madre de quienes reciben la promesa y viven en la libertad. Juan Crisóstomo identifica a la Jerusalén de arriba con la Iglesia, y Tomás de Aquino explica que la mujer libre representa la alianza nueva y la ciudad celestial, mientras la mujer esclava representa la antigua alianza en el argumento paulino.6,4

Esta tipología establece un contraste entre libertad y servidumbre en la lectura de Gálatas; no autoriza, sin embargo, a presentar el judaísmo o al pueblo judío como rechazados por Dios. La comparación paulina interpreta las alianzas desde la fe cristiana en Cristo y la promesa, no borra la pertenencia de Israel a la historia de la salvación ni convierte una alegoría bíblica en una descalificación de los judíos. El propio relato mantiene a Sara como madre de Isaac y antepasada del pueblo elegido.1,4

Culto y memoria cristiana

La memoria cristiana de Sara procede principalmente de su lugar en la historia bíblica de Abrahán y de las referencias del Nuevo Testamento. Su figura reúne maternidad, espera y cumplimiento de la promesa: tras una prolongada esterilidad, dio a luz a Isaac en su vejez y quedó asociada a la continuidad del pueblo elegido.1

La denominación santa Sara identifica a la esposa de Abrahán en la tradición cristiana. Conviene no confundirla con la Sara del libro de Tobías, que pertenece a otra familia y a otro relato bíblico.1

Citas y referencias

  1. Sara, Enciclopedia Católica, Sara (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16
  2. Fausto expone sus objeciones a la moralidad de la ley y los profetas, y Agustín busca mediante la aplicación del tipo y la alegoría explicar y disipar las dificultades morales del Antiguo Testamento, Agustín de Hipona. Contra Faustum, Libro 22. 35. 2 3
  3. Abraham, Enciclopedia Católica, Abraham (1913). 2 3 4 5 6 7
  4. Capítulo 4, Tomás de Aquino. Comentario sobre los gálatas, 4.8 (1272). 2 3 4
  5. Libro cuarto, Beda el Venerable, Santo. In principium Genesis liber 4 (Sobre el principio del Génesis, libro 4), 33 (1850).
  6. Homilía 4 sobre los gálatas, Juan Crisóstomo. Homilías sobre los gálatas, Capítulo 4. Versículo 26.
Modificado el 25 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.10 • 261 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/812rh60px

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