La presión de los sacrificios y el desafío al culto pagano
La Passio sitúa el conflicto en torno a la negativa de Sinforosa y sus hijos a participar en los sacrificios paganos. La narración cuenta que los poderes religiosos del entorno interpretan el «rechazo» como un obstáculo para la acción de los dioses y como un motivo de inquietud.,
Según el relato, el emperador intenta inducir a la madre y a los hijos a sacrificar. La Passio recalca el fracaso de estos intentos y conduce la narración hacia una forma de castigo destinada a romper la resistencia cristiana.
El martirio de Sinforosa
La Passio describe el traslado de Sinforosa al Templo de Hércules. Después de «varias torturas», la ejecutan arrojándola al río Anio con una piedra atada al cuello.
El relato presenta además un gesto de custodia cristiana tras la muerte: el hermano Eugenio, miembro del consejo de Tibur, entierra el cuerpo de Sinforosa en las afueras de la ciudad.
El martirio de los siete hijos
La narración sitúa el desenlace inmediato al día siguiente. Adriano manda llamar a los siete hijos de Sinforosa, y vuelve a fracasar en sus intentos de persuadirlos para que sacrifiquen. Acto seguido, ordena atarlos a siete estacas levantadas alrededor del Templo de Hércules.
A cada hijo le corresponde un modo de ejecución distinto. La Passio conserva los nombres y las formas del castigo:
- Crescens: perforado en la garganta.
- Julian: herido en el pecho.
- Nemesius: herido en el corazón.
- Primitivus: herido en el ombligo.
- Justinus: perforado en la espalda.
- Stracteus (también con variantes como Stacteus o Estacteus): herido de lado.
- Eugenio: cortado «de arriba abajo» (dividido en dos partes).
La Passio añade que arrojan los cuerpos a una honda fosa, a la que los sacerdotes paganos llaman «Ad septem Biothanatos».
Consecuencia del martirio y memoria cultual
La tradición une la persecución con un periodo de interrupción: tras la ejecución, el relato afirma que la persecución se detiene durante un tiempo (un año y seis meses). Durante ese intervalo, el texto sitúa la veneración de los cuerpos y su enterramiento con cuidado.
El relato también conecta la memoria de este grupo con el lugar del enterramiento. Un pasaje describe una vía asociada al culto y menciona que los cuerpos descansan en la Vía Tiburtina, a un determinado «hito» de distancia desde la ciudad.