Infancia y familia
Edith Stein nació en una familia judía observante en Breslau (actual Wrocław, Polonia), entonces parte del Imperio alemán. Era la menor de once hermanos y su padre, un comerciante de madera, falleció cuando ella tenía apenas dos años. Su madre, Auguste Stein, una mujer de profunda fe judía y gran fortaleza, asumió el sustento familiar y educó a sus hijos en la tradición mosaica. Edith mostró desde niña una inteligencia extraordinaria: a los trece años ya había completado los estudios secundarios con brillantez.1
Aunque inicialmente abandonó las prácticas religiosas judías en su adolescencia, influida por el racionalismo imperante, Edith mantuvo un fuerte sentido de identidad étnica judía. «Había cesado de practicar mi religión judía y me sentía nuevamente ebrea solo después de mi retorno a Dios», reflexionaría más tarde, reconociendo su arraigo espiritual.1
Formación académica y carrera filosófica
Stein destacó en filosofía, estudiando bajo la tutela de Edmund Husserl, padre de la fenomenología, en la Universidad de Gotinga. Obtuvo su doctorado en 1916 con una tesis sobre la empatía, un concepto clave en su pensamiento que le permitió explorar la experiencia ajena como fundamento de la intersubjetividad. Colaboró estrechamente con Husserl como asistente, contribuyendo a obras como Ideas II, donde analizó la constitución de la psique y el espíritu humano.4,5,3
A pesar de su talento, enfrentó discriminación por ser mujer y judía: le fue negada la habilitación docente. En 1918, dejó a Husserl para trabajar independientemente, publicando artículos sobre psicología y humanidades. Su búsqueda de verdad la llevó a leer a Kierkegaard, el Nuevo Testamento y los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, sentando las bases de su itinerario espiritual.1

