La aportación más conocida de santa Teresita es su doctrina de la infancia espiritual, presentada como camino concreto para la santidad.
Amor en lo pequeño
Teresa enseña que el amor a Dios no se reduce a gestos extraordinarios, sino que se alimenta en los actos cotidianos, incluso cuando el mundo los juzga «insignificantes». Esta idea sostiene la «pequeña vía»: la santidad llega por la fidelidad a lo pequeño, entendido como lugar de entrega.
En su propia formulación, la tradición recoge que Teresa insistió en ofrecer a Jesús los «flores» de los pequeños sacrificios, y en aprender «los pequeños modos» que le salieron bien.
Confianza y abandono
La infancia espiritual no significa infantilismo ni pasividad. Significa confianza: la criatura vive ante Dios como niño ante el Padre, acepta sus límites, reconoce su dependencia y, con esa verdad interior, camina hacia la unión con Cristo.
La enseñanza de Teresa aparece vinculada al amor: la Iglesia describe su carisma como una «ciencia del amor» (scientia amoris), donde la verdad de la fe resplandece en el amor vivido.
La conversión que impulsa la carrera espiritual
En el relato eclesial aparece una experiencia clave en torno a la Navidad de 1886: Teresa la describió como una «conversión completa». Desde ese giro, su vida espiritual recuperó el equilibrio interior y tomó un ritmo de entrega más intenso.,
Esta conversión no anuló sus fragilidades; las incorporó al camino de amor. Teresa «corrió» por la vía de la perfección con una determinación renovada.,