La veneración de Santa Úrsula y sus compañeras tiene sus raíces en Colonia, Alemania, donde se cree que un grupo de vírgenes cristianas sufrió el martirio. La evidencia más antigua y fiable de su existencia proviene de una inscripción de Clematius, una piedra que se encuentra en el coro de la Iglesia de Santa Úrsula en Colonia1. Esta inscripción, aunque parcialmente oscura, documenta la restauración de una basílica o cella memorialis en honor a las vírgenes mártires que derramaron su sangre por Cristo en ese lugar1,2. La inscripción no especifica el número de vírgenes ni sus nombres, ni la fecha exacta de su martirio1.
Los primeros documentos escritos que mencionan a las mártires de Colonia datan del siglo IX. El «Sermo in natali sanctarum Coloniensium virginum» (Sermón en el natalicio de las santas vírgenes de Colonia), probablemente de este período, indica que en Colonia no existía una tradición precisa sobre las vírgenes mártires. Este sermón sugiere que eran «varios miles» y que sufrieron persecución durante los reinados de Diocleciano y Maximiano. De todas ellas, solo se conocían los nombres de unas pocas, mencionando específicamente a Pinnosa como la más importante en ese momento1. Algunos interpretaron que provenían de Oriente y las vincularon con los mártires de la Legión Tebana, mientras que otros, incluido el autor del «Sermo», las consideraban nativas de Gran Bretaña1,3.
A finales del siglo IX y principios del X, el nombre de Úrsula comienza a aparecer en fuentes litúrgicas. Un calendario de finales del siglo IX la menciona como una de once vírgenes mártires3. Otros documentos litúrgicos de la época citan entre cinco, ocho u once nombres, pero Úrsula solo ocupa el primer lugar en una de estas listas1,3. El martirologio de Wandalbert de Prüm, compilado alrededor del año 850, habla de «varios miles de vírgenes», mientras que Usuardo, en su martirologio de alrededor del 875, solo menciona a «Marta y Saula con varias otras» en Colonia el 20 de octubre1,3. La fijación del número en «once mil» comenzó a principios del siglo X, aunque el motivo exacto es desconocido. Las explicaciones más aceptadas sugieren que fue una mala interpretación de la abreviatura XI M.V. (undecim martyres virgines) como undecim milia virginum (once mil vírgenes), o una combinación de las «once» de algunos documentos con los «miles» de otros3.
