Decisión de recluirse y construcción del eremitorio
Los relatos hagiográficos narran que, tras una etapa de vida más abierta, Veridiana pide permiso para participar en un peregrinaje a Santiago de Compostela. El mismo relato insiste en que la santa se compromete a regresar a Castelfiorentino y cumple ese vínculo.
A su retorno, la fama de santidad crece hasta el punto de que los habitantes desean que permanezca entre ellos. Veridiana acepta quedarse, pero impone una condición espiritual clara: vivir como reclusa y contar con un eremitorio. La comunidad levanta su retiro cerca del río Elsa, anexionándolo a un pequeño oratorio. El eremitorio resulta muy reducido y adaptado al modo de vida propio del anacoreta.
Vida concreta: oración, ayuno y servicio a los necesitados
La tradición describe una vida marcada por el silencio exterior y una disciplina interior intensa. Veridiana permanece durante treinta y cuatro años en la celda; la comunicación con el mundo exterior ocurre por medio de una ventana abierta hacia el oratorio de san Antonio.
En la mesa, la sobriedad llega a convertirse en signo: come una vez al día, principalmente pan y agua, y añade de manera ocasional algunas verduras. Su descanso se ajusta al mismo espíritu de penitencia: duerme en el suelo desnudo, con la excepción de un sencillo tablero en los meses de invierno.
Junto al rigor ascético, el relato subraya un rasgo constante: el amor a los pobres. Veridiana entrega casi todo lo que los visitantes le ofrecen por devoción y recibe preferentemente a los pobres y afligidos, convirtiendo su reclusión en una forma real de asistencia espiritual.