Origen familiar y juventud
Yolanda nació alrededor de 1235 en el seno de la dinastía Árpád, como una de las cuatro hijas del rey Bela IV de Hungría y su esposa Teodora. Su familia estaba profundamente imbuida de la tradición cristiana, lo que la conectaba directamente con figuras destacadas de la santidad medieval. Era sobrina de santa Isabel de Turingia (o de Hungría), bisnieta de santa Hedwiges y descendiente de los reyes santos Esteban I y Ladislao I de Hungría.1
Desde niña, Yolanda recibió una educación piadosa y rigurosa. A los cinco años, fue confiada al cuidado de su hermana mayor, la beata Kinga (Cunegunda), quien estaba casada con Boleslao II el Casto, rey de Polonia. Bajo la tutela de Kinga, Yolanda creció en un ambiente de virtud ejemplar, desarrollando un amor precoz por la oración, la mortificación y el servicio a los necesitados. Esta formación la preparó para una vida de entrega total a Dios, en sintonía con el espíritu franciscano que impregnaba su linaje.1,2
Matrimonio y obras de caridad
En 1239, Yolanda fue dada en matrimonio al duque Boleslao V de Kalisz, conocido como «el Pudico» por su castidad conyugal. Este enlace no solo fue político, sino un verdadero testimonio de santidad compartida. Ambos esposos se distinguieron por su devoción a las buenas obras: fundaron varios monasterios y conventos, promoviendo la vida contemplativa y activa en sus territorios. Yolanda, en particular, se ganó el cariño universal por su amor tierno hacia los pobres, a quienes atendía personalmente con generosidad inagotable.1
Su matrimonio fue fecundo en tres hijas, a quienes educó en la fe cristiana. Boleslao y Yolanda vivieron en armonía, priorizando la voluntad divina sobre los placeres mundanos. Tras la muerte prematura de su esposo, Yolanda atendió diligentemente a sus hijas menores, asegurando su porvenir antes de abrazar la vida religiosa.1

