La Trinidad pertenece al conjunto de los misterios revelados por Dios y supera el alcance de la razón humana cuando esta intenta conocer con sus solas fuerzas la intimidad divina. El Catecismo afirma que la Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, propio de «cosas escondidas en Dios» que el ser humano no alcanza únicamente con el razonamiento.3
Dios deja «huellas» de su condición trinitaria en la creación y en la revelación del Antiguo Testamento, pero la comunión íntima del Dios trino permanece inaccesible para la razón sola. El conocimiento pleno de lo íntimo de Dios requiere el marco de la revelación: la obra de Cristo y el envío del Espíritu Santo.3
«Unidad en Trinidad» y «Trinidad en Unidad»
La fe cristiana evita dos errores simétricos: el error de reducir el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo a meros nombres sin realidad personal, y el error de multiplicar la divinidad hasta convertirla en pluralidad de dioses. La tradición litúrgica y dogmática resume el equilibrio: unidad en Trinidad y Trinidad en unidad.2,4



