La Santísima Trinidad es el término utilizado para significar la doctrina central de la religión cristiana: la verdad de que en la unidad de la Divinidad existen Tres Personas —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— siendo estas Tres Personas verdaderamente distintas entre sí1. En palabras del Credo Atanasiano, «adoramos a un Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la unidad, sin confundir las personas ni dividir la sustancia»2,3. El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios1.
La distinción entre las Personas reside únicamente en sus relaciones de origen2. El Padre es ingénito, el Hijo es engendrado del Padre por una generación eterna, y el Espíritu Santo procede por una procesión eterna del Padre y del Hijo1,4,5. A pesar de estas diferencias de origen, las Personas son coeternas y coiguales, todas increadas y omnipotentes1. Todo en ellas es uno cuando no hay oposición de relación6,5.
El término Trinidad (del latín trinitas) fue utilizado por primera vez en su forma griega (trias) por Teófilo de Antioquía alrededor del año 180 d.C., y luego por Tertuliano en latín1. En la Sagrada Escritura, no hay un término único que designe a las Tres Personas divinas juntas1.

