Una advocación de dolor y de esperanza
El nombre Virgen de Gloria puede desconcertar a quien lo asocia con las imágenes gloriosas de la Resurrección o de la Asunción. La imagen de La Orotava no sonríe ni triunfa: muestra a una Madre que sufre. Sin embargo, el título no contradice la iconografía, porque la Escritura enseña que la cruz es el lugar de la glorificación de Cristo. El Evangelio de san Juan llama «hora» a la Pasión y la presenta como el momento en que el Hijo del hombre es glorificado.1
La advocación afirma, por tanto, que el dolor de María no termina en la desolación. La Virgen permanece al pie de la cruz porque cree que el sacrificio de su Hijo conduce a la gloria del Padre y a la salvación de los hombres.
Una tradición que explica el nombre
La tradición local ofrece una explicación sencilla y entrañable del título. Cuenta que Luján Pérez eligió como modelo a una joven de la casa donde se hospedaba y que, para captar la expresión del dolor, le refirió historias tristes. La joven le respondió que ningún sufrimiento igualaba al de María a los pies de la cruz, y que la Madre, aun así, rogaba por la gloria de su Hijo. El escultor decidió entonces dar a la obra el nombre de Virgen de Gloria.
Otra versión sostiene que el nombre sirvió para distinguir esta imagen de otra dolorosa tallada por el escultor orotavense Fernando Estévez. Ambas explicaciones coinciden en lo esencial: el título nació con la imagen y la acompaña desde su origen.2

