Sentido del título «del Remedio»
La devoción a María bajo la advocación del Remedio subraya la acción maternal de la Virgen en la vida de los fieles: María acompaña, consuela y orienta el corazón humano hacia Dios. Un himno tradicional a la Virgen presenta rasgos que encajan con esta idea: María ofrece luz a los justos y a la Iglesia, aparece como puerto admirable para los afligidos y como Reina de clemencia.2
La formulación eclesial del título conectó, además, esta devoción con la maternidad de Cristo. El documento pontificio que regula la veneración de una imagen bajo el título «Nuestra Señora del Remedio» presenta a María como la Madre del Redentor y describe el culto mariano como fuente de gracias para la comunidad diocesana.1
Culto mariano y cristocentrismo
La Iglesia distingue entre adoración debida a Dios y veneración dirigida a María. La devoción mariana auténtica conduce al centro cristiano: el Hijo. Pablo VI explica en clave litúrgica que las prerrogativas de María señalan el camino hacia Cristo y que, mientras la Iglesia predica y honra a María, el conjunto de la piedad mariana atrae a los creyentes hacia su Hijo y hacia el amor del Padre.3
Ese enfoque cristológico armoniza con el himno mariano: la Virgen aparece como presencia luminosa en la Iglesia, con capacidad de consolar y borrar culpas y pecados, siempre en el marco del Dios que salva.2,3


