La imagen representa a Cristo en la cruz y recibe el nombre de Cristo Negro por su tonalidad oscura. En 1996, el papa Juan Pablo II explicó que el tiempo y el humo de los cirios habían oscurecido la figura. El mismo pontífice recordó que la devoción llevaba entonces cuatro siglos y que los fieles llamaban a Cristo «Señor de las Misericordias».2,1
El conjunto de la imagen incluye, junto a Cristo, a la Virgen María, el apóstol san Juan y María Magdalena. Estas figuras acompañan al Crucificado y representan a quienes contemplaron de cerca la muerte de Jesús. En su oración ante la imagen, Juan Pablo II las presentó como testigos del Calvario y como invitación a permanecer junto a la cruz con fe y devoción.3
La veneración se dirige a Cristo, no a la materia de la escultura como si esta fuese una divinidad. La imagen representa al Redentor y ayuda a los peregrinos a contemplar el misterio de su pasión. En la celebración eucarística de 1996, Juan Pablo II describió el santuario como un lugar dedicado al misterio de la Redención y relacionó la figura del Crucificado con la profesión de fe en Jesús, Hijo de Dios.1


