El Rosario, tal como lo conocemos hoy, es el resultado de un largo y gradual desarrollo que se extiende a lo largo de varios siglos1,2. Aunque la tradición popular, reconocida por varios pontífices y el Breviario Romano, atribuye su institución a Santo Domingo de Guzmán en el siglo XIII como un antídoto contra la herejía albigense, la investigación histórica reciente sugiere una evolución más compleja3,4.
Prácticas Precursoras del Rosario
Antes del siglo XIII, ya existía en Occidente la costumbre de recitar un número determinado de Padres Nuestros (a menudo 150, en analogía con los Salmos de David) y de llevar la cuenta con la ayuda de cuentas o hilos1,2. Un ejemplo notable es el de Lady Godiva de Coventry, quien alrededor del año 1075, dejó en su testamento un «collar de piedras preciosas que había ensartado en un cordón para poder contar sus oraciones exactamente»1. Estas herramientas para contar oraciones eran conocidas como «paternósteres», y sus fabricantes como «paternostereros»1.
En la Iglesia Oriental, los monjes también utilizaban un rosario de origen antiguo con cien o más cuentas, aunque con una estructura diferente e independiente de la devoción occidental1.
La Contribución de Santo Domingo
Aunque la idea de que Santo Domingo «inventó» el Rosario en su forma final ha sido objeto de debate y crítica histórica, su papel en la popularización y difusión de esta devoción es innegable3,1,4. Se sostiene que Santo Domingo promovió la práctica de recitar Ave Marías multiplicadas, posiblemente introduciendo la división de las Ave Marías en grupos de diez con la inserción de Padres Nuestros1. La tradición afirma que la Santísima Virgen María instruyó a Santo Domingo a predicar el Rosario como un medio para combatir la herejía y el pecado3,4.
El Papa Pío V, en su bula Consueverunt Romani (1569), afirmó que Santo Domingo propagó esta forma de oración, que él llamó el Rosario o el Salterio de la Santísima Virgen María, y que gracias a ella, la oscuridad de la herejía comenzó a disiparse y la luz de la fe católica se reveló5. Asimismo, el Papa Gregorio XIII declaró que el Rosario fue instituido por Santo Domingo para apaciguar la ira de Dios e implorar la intercesión de la Santísima Virgen María6.
Consolidación y Difusión
La forma definitiva del Rosario, con la meditación de los misterios, se consolidó gradualmente. No fue sino hasta el siglo XV, y luego en el XVI, que la estructura del Rosario se uniformó1. Los frailes dominicos desempeñaron un papel crucial en la difusión de esta devoción, instituyendo cofradías del Rosario en muchos lugares5,3.
El Papa Pío V fue un gran promotor del Rosario, y en 1572, después de la victoria de la Batalla de Lepanto contra los turcos otomanos, que se atribuyó a la intercesión de la Virgen María a través del rezo del Rosario, ordenó una conmemoración anual de Nuestra Señora de la Victoria, que más tarde el Papa Gregorio XIII cambió a la Fiesta del Santo Rosario, fijándola para el primer domingo de octubre4,7. Esta fiesta se celebra actualmente el 7 de octubre4.

