Llegada a Oviedo y tradición antigua
La tradición atribuye el origen del Santo Sudario de Oviedo a un conjunto de reliquias trasladadas desde Jerusalén a través de diversas etapas, incluyendo África, hasta su depósito final en Oviedo por el rey Alfonso II el Casto en el siglo IX. Según crónicas antiguas, como las del obispo Pelayo, estas reliquias provenían de un arca elaborada por discípulos de los apóstoles y contenía objetos sagrados de la Ciudad Santa.1 La Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, principal custodio de estas piezas, alberga el sudario como uno de sus tesoros más preciados, junto a otros elementos venerados.
El traslado se enmarca en el contexto histórico de la Reconquista, cuando Oviedo se convirtió en centro espiritual de los reinos cristianos del norte peninsular. Fundada la sede episcopal en 805 por Alfonso II, la ciudad acogió obispos exiliados por las invasiones musulmanas, consolidando su rol como guardiana de memorias apostólicas.1
Investigaciones y custodias medievales
Durante la Edad Media, obispos como Diego Ramírez de Guzmán (1421-1441) y Cristóbal de Rojas (1546-1556) contribuyeron a la estructura de la catedral, protegiendo reliquias como las de la Cámara Santa. En el siglo XVI, el obispo Cristóbal de Sandoval y Rojas intentó abrir el arca relicuaria, pero desistió por temor reverencial, subrayando la santidad atribuida a estos objetos.1 Esta devoción se extendió, similar a otros sudarios venerados en Europa, como el de Cadouin o el de Turín, aunque cada uno con su propia tradición.2,3

