Un modo de vivir la limosna
La figura de Tomás de Villanueva se asocia de forma constante con una caridad desbordante. Las biografías lo describen recibiendo diariamente a centenares de pobres, de modo que cada persona obtuviera ayuda material: ordinariamente una comida, vino y una suma de dinero.
La caridad no se reducía a entregar bienes; el santo acompañaba a quienes sufrían necesidades reales y urgentes. Tomás asumió un cuidado particular de los huérfanos, y la tradición subraya que durante sus años de arzobispo ninguna joven pobre fue desatendida al tiempo de su matrimonio, porque su ayuda cubría lo necesario.
También destinó recursos para los expósitos: dio una cantidad por cada niño abandonado que sus porteros lograran rescatar. El gesto busca proteger una vida frágil y prevenir el abandono definitivo.
Humildad real frente a la dignidad episcopal
Los relatos insistieron en la coherencia entre oficio y pobreza. El capítulo de la catedral le ofreció dinero para acondicionar su casa; Tomás aceptó la ayuda con humildad, pero ordenó enviar el dinero al gran hospital, para reparar el edificio y atender a los pacientes.
El santo defendió con firmeza la lógica evangélica: la dignidad episcopal no exigía lujo personal, y la obra de misericordia servía más a la gloria de Dios que el adorno.
Incluso en el modo de vestir aparece el contraste. La tradición narra que Tomás se mantuvo con el hábito monástico durante años y se negó a entender la vestimenta como fundamento de su dignidad. Esta actitud movió a sorpresa y debate, pero el arzobispo ofreció una explicación espiritual: su ministerio dependía del servicio de las almas, no de la tela.
Rescate, auxilio ante desastres y atención a víctimas
La caridad de Tomás tuvo también dimensión geográfica y urgente. Cuando piratas asaltaron una ciudad costera en el año 1550, Tomás envió recursos para sostener a la población y rescatar a los cautivos.
Esta respuesta muestra un criterio claro: la misericordia no actuaba solo «dentro del templo» o «en limosnas pequeñas», sino que asumía la realidad social y las consecuencias del conflicto.
Caridad con discernimiento: trabajo, justicia y misericordia ordenada
La tradición incluye un diálogo significativo con las críticas que recibió por aliviar también a personas que podían caer en la ociosidad. Tomás respondió con una distinción: la autoridad civil y policial debía tratar a los vagabundos y quienes rechazaban trabajar; el arzobispo debía asistir a quienes acudían a su puerta.
Esa postura revela un equilibrio: Tomás defendía la misericordia como deber propio del pastor, sin ignorar la justicia social. La caridad no confundía el bien de la persona con la falta de responsabilidad.