Santo Tomás de Aquino pertenece a la Orden de los Frailes Predicadores (dominicos) y aparece en el calendario litúrgico como Doctor de la Iglesia. La tradición también lo llama Doctor Angélico, por la altura de su pensamiento y la pureza de su vida.1
Pablo VI lo presentó como «lumbrera de la Iglesia y del mundo entero» con motivo del VII centenario de su muerte, y subrayó el «retorno» a su doctrina dentro del mundo académico.2
En la vida eclesial, la autoridad de Santo Tomás se refleja en varios niveles: la veneración del creyente, el uso teológico en la predicación y la referencia sistemática en la formación intelectual. Juan Pablo II justificó la propuesta constante de Tomás como modelo para hacer teología; Benedicto XVI retomó esa afirmación al citar la Fides et Ratio.1


