La abadía de San Emeterio y San Celedonio
La devoción llegó también a la costa cantábrica. Durante la Alta Edad Media, una abadía dedicada a los dos mártires adquirió importancia en el lugar que con el tiempo recibiría el nombre de Santander. La tradición relaciona la fundación de esta institución con Alfonso II el Casto, que habría establecido allí una abadía donde se conservaban las cabezas de los santos.
Más tarde, Alfonso VII elevó la abadía a colegiata. La comunidad canonical mantuvo durante siglos el culto de los dos mártires, que quedaron ligados a la historia religiosa, institucional y urbana de la ciudad.
El origen del nombre Santander
El nombre Santander no procede de san Andrés, aunque la semejanza fonética originó esa interpretación en épocas posteriores. La explicación tradicional lo deriva de Sancti Emeterii, «de san Emeterio», mediante una evolución medieval de la pronunciación y de la escritura. La forma del nombre quedó influida por la presencia de la abadía dedicada a Emeterio y Celedonio.
La ciudad recibió así una denominación directamente vinculada con uno de sus patronos, mientras que Celedonio permaneció unido a él en el título de la abadía, en el culto litúrgico y en la tradición cívica.