El avance decisivo en el debate consiste en la crítica de esa lectura. Alban Butler recoge que Delehaye abordó la hipótesis con argumentos cronológicos y filológicos, y concluyó que la explicación no logra justificar el conjunto de datos.
Delehaye observa, entre otros puntos, que algunas fechas atribuidas por los defensores de la teoría no coinciden con los calendarios martirológicos realmente transmitidos. También subraya un problema de correspondencia de días entre calendarios: el «18» del mes según un calendario no reproduce el «18» en otros sistemas cronológicos (griego, sirio o asiático).
La crítica se vuelve más contundente en el ámbito de la recepción litúrgica romana: Delehaye sostiene que la coincidencia de la memoria de Florencio y Lauro con otras conmemoraciones en el Martirologio Romano no ofrece una base antigua sólida y aparece como algo fruto del azar o de una convergencia tardía. Butler resume el juicio así: la coordinación de los tres santos en el 18 de agosto no remonta a épocas tempranas, y antes del siglo XVI Florencio y Lauro no figuraban en ese repertorio martirológico.
Además, Butler menciona otro matiz: incluso la supuesta analogía por asonancia entre nombres presenta dificultades, y la evidencia no sostiene una identificación directa con los Dióscuros.