Vida y servicio episcopal
San Justo es presentado como un obispo de fuerte celo pastoral, preocupado por la corrección doctrinal y la disciplina eclesial. En la tradición biográfica se señala que su celo se manifestó, entre otros momentos, en el contexto del sínodo de Valence en el año 374, mostrando su interés por el orden y la rectitud en la vida de la Iglesia.
Además, su ministerio queda enmarcado en la red de relaciones episcopales del tiempo. Se menciona que, durante la organización conciliar, san Justo participó en el concilio de Aquileia (381), donde estaban en juego cuestiones teológicas vinculadas a la controversia con los arrianos.
La tradición añade un dato significativo para comprender su lugar en la Iglesia: se afirma que san Ambrosio —presente en Aquileia— tuvo un particular respeto por san Justo, y que Ambrosio le dirigió cartas sobre cuestiones bíblicas. Este detalle subraya que Justo no fue sólo un administrador: fue también un interlocutor en el ámbito de la inteligencia creyente de la Escritura.
Defensa de la doctrina frente al arrianismo
En el concilio de Aquileia, las cuestiones discutidas giraban, según la fuente, principalmente en torno a los arrianos, y se indica que Ambrosio consiguió la deposición de dos obispos arrianos. Aunque el relato no atribuye a Justo una acción aislada, sí lo sitúa como participante de primer nivel en el momento decisivo en que se clarificaba la doctrina.
En coherencia con ese marco, la Enciclopedia Católica reafirma que san Justo fue conocido por su ortodoxia al sostener la fe en la lucha contra el arrianismo.
El retiro penitencial en la Tebais
Tras los acontecimientos conciliares, la figura de san Justo adquiere un relieve particular por su opción radical de vida. La tradición recogida en la Enciclopedia Católica afirma que, después del concilio de Aquileia, san Justo decidió pasar el resto de su vida en las soledades penitenciales de la Tebais, y que eligió a un joven llamado Viator para que lo acompañara en ese exilio voluntario.
Este dato conecta dos dimensiones: por un lado, la lucha doctrinal en el ámbito eclesial; por otro, la búsqueda de la santidad mediante el retiro y la penitencia. El santo no abandona la fe, sino que la lleva a su culmen existencial: la comunión con Dios expresada en el desierto.
Muerte y lugar de reposo
La tradición ofrece un marco cronológico claro: Justo y Viator «murieron en el buen nombre de la santidad» en un monasterio austero, en Escete (relacionado con el desierto de Egipto), en torno al año 389.
Además, se conserva la noticia de que el cuerpo de san Justo fue trasladado posteriormente a Lyon y enterrado en la iglesia de los Macabeos (Machabees), lugar que, con el tiempo, habría recibido el nombre correspondiente a san Justo.
Culto y memoria en Lyon
En el conjunto de la hagiografía antigua, el culto de los santos se articula en torno a lugares concretos y a la liturgia. Para Lyon, san Justo aparece como una figura venerada, y la tradición sobre su cuerpo en la iglesia de los Macabeos ayuda a comprender por qué su memoria se fijó en el espacio urbano cristiano.
La Enciclopedia Católica también incluye a san Justo entre los principales santos de la diócesis y recuerda su muerte en el monasterio de la Tebais.