La Iglesia conserva también un estrato de relatos que amplían la biografía de Narbor y Félix. Con el paso del tiempo aparecieron Actas o relatos hagiográficos de carácter legendario. El contenido de estas narraciones presenta rasgos típicos de la literatura martirial: describen el marco del proceso, la condena y el modo de la ejecución con un lenguaje que pretende resaltar el contraste entre la crueldad del poder y la fortaleza del creyente.
El punto clave para valorar estas tradiciones es su fiabilidad histórica. La tradición eclesial crítica afirma que esas Actas legendarias carecen de valor histórico: sus autores imitaron esquemas y motivos propios de otros martirologios, como los relativos a Víctor, Firmo y Rústico. Así, la Iglesia integra estos textos en la historia de la devoción, pero no los convierte en fundamento documental para reconstruir con precisión el pasado.
Identificación en la leyenda: soldados y condena en dos ciudades
Las narraciones legendarias describen a Narbor y Félix como soldados del ejército de Maximiano Hercúlio. Atribuyen su condena a la ciudad de Milán y sitúan la ejecución mediante decapitación en Lodi. Esta articulación geográfica sostiene, además, la doble dimensión del culto: el proceso judicial se asocia a Milán, mientras que el desenlace martirial se concentra en Lodi.