Santos Nazario, Celso y Víctor I
En la tradición católica, Nazario y Celso destacan como mártires vinculados al ambiente cristiano de Milán, cuya memoria se ilumina especialmente por el hallazgo de sus restos realizado por san Ambrosio hacia finales del siglo IV. Junto a ellos, la liturgia y la devoción popular han asociado su celebración con san Víctor I, papa de la Iglesia romana, conocido por su firmeza en la unidad eclesial durante una época de tensiones doctrinales y disciplinares, en particular en torno a la celebración de la Pascua. Este artículo ofrece una visión histórica y espiritual, distinguiendo lo que puede afirmarse con solidez de lo que procede de tradiciones posteriores.
Tabla de contenido
- Contexto histórico y geográfico: Roma, Asia y Milán
- Santos Nazario y Celso
- El culto litúrgico a Nazario y Celso
- San Víctor I, papa
- Relación entre Nazario, Celso y Víctor I en la memoria eclesial
- Celso: una aclaración necesaria para evitar confusiones
- Significado espiritual para los cristianos de hoy
- Conclusión
- Cuadro resumen
- Citas y referencias
Contexto histórico y geográfico: Roma, Asia y Milán
Durante los siglos II al IV, la Iglesia cristiana vivió una expansión real, pero también un contacto continuo con culturas, costumbres litúrgicas y corrientes teológicas diversas. En ese marco, las decisiones de los obispos (especialmente en Roma) podían generar acuerdos o conflictos con otras Iglesias locales. En el caso de san Víctor I, el trasfondo es, sobre todo, romano y eclesial: la necesidad de unidad en la forma de celebrar la Pascua y el rechazo de enseñanzas consideradas incompatibles con la fe apostólica.1,2
Por su parte, Nazario y Celso se sitúan en un contexto distinto: el de Milán y la consolidación del culto a los mártires mediante la veneración de sus reliquias. Lo central aquí no es tanto la controversia litúrgica general del imperio como la transmisión local de la memoria martirial, custodiada por comunidades cristianas concretas y reconocida más tarde con el hallazgo de restos bajo la guía de san Ambrosio.3,4
Santos Nazario y Celso
Identidad y categoría: mártires vinculados a un hallazgo ambrosiano
Según la información histórica conservada, lo único firmemente atestiguado respecto a estos dos santos es el descubrimiento de sus cuerpos por san Ambrosio. De acuerdo con el relato transmitido por Paulinus (en su Vita Ambrosii), Ambrosio halló en un jardín situado fuera de las murallas de Milán el cuerpo de Nazario, con la cabeza separada y con apariencia de sangre todavía reciente, y lo hizo trasladar a la Basílica de los Apóstoles. En el mismo lugar habría sido hallado el cuerpo de Celso, también trasladado a la misma basílica.3
Este modo de transmisión es clave para entender el valor histórico del testimonio: no se trata de una narración completa del martirio en sentido moderno, sino de una memoria cultual que, al consolidarse, desemboca en el hallazgo de restos. La propia enciclopedia católica señala que «obviamente» debía existir una tradición en la comunidad de Milán que condujo al hallazgo.3
Lo que puede afirmarse con seguridad
Con prudencia, pueden afirmarse con base en las fuentes:
La existencia de un culto local anterior (o al menos concurrente) al hallazgo.3
El hallazgo por san Ambrosio en Milán, tras el fallecimiento del emperador Teodosio (397), y su traslado a la basílica correspondiente.3
Que se trata de mártires venerados como tales, aunque el relato histórico detallado del proceso judicial o el lugar exacto de la ejecución no se conserva de forma equivalente.3
La enciclopedia citada añade además un dato significativo: «La fecha del martirio de Nazario se desconoce».3
Tradiciones posteriores y leyendas: prudencia histórica
En torno a Nazario y Celso surgieron con el tiempo narraciones adicionales, pero el mismo material de referencia advierte que gran parte de lo narrado en esas versiones no tiene fundamento histórico. En particular:
Una leyenda posterior sitúa el martirio de Nazario y sus acompañantes en la persecución de Nerón, incorporando detalles sobre itinerarios por Galia e Italia.3
También se relaciona a Nazario con otros mártires (como Gervasio y Protasio), aunque sin base histórica establecida en los datos conservados.3
Se indica que el discurso elogioso atribuido a san Ambrosio (Sermo lv) no es genuino.3
En otras palabras, el «núcleo» histórico se reduce principalmente al hallazgo y a la veneración, mientras que la literatura hagiográfica posterior puede expresar creencias devocionales reales, pero no garantiza precisión cronística.
La mención litúrgica del martirio y su fecha
Algunas tradiciones litúrgicas —como el Martyrologium Romanum— recogen también un relato más desarrollado: menciona la «aparición del cuerpo» hallado por san Ambrosio y añade una cronología concreta vinculada al ciclo del calendario (por ejemplo, que Celso fue ejecutado a espada en el marco de una persecución asociada a Nerón, con conmemoración el 28 de julio).5
Sin embargo, conviene mantener la distinción: la enciclopedia subraya que la fecha y circunstancias del martirio no pueden afirmarse con certeza histórica, mientras el martirologio expresa una tradición heredada y usada en la liturgia. Esto no invalida el valor espiritual de la celebración, pero sí determina el grado de afirmación histórica.3,5
El culto litúrgico a Nazario y Celso
Celebración conjunta con Víctor I y el calendario milanés
En la liturgia, los santos Nazario y Celso aparecen unidos en una misma fiesta con los santos papas Víctor I e Inocencio. La fuente consultada indica que la fiesta compartida se sitúa el 28 de julio.4,3
Además, se observa que los nombres de estos santos figuran en el canon de la misa milanesa, lo que sugiere una integración estable de su memoria en la oración eclesial.4
Unidad de veneración y sentido eclesial
Que la liturgia reúna memoria de mártires y de un papa no es un mero detalle devocional: expresa un modo de pensar la santidad como obra de la Iglesia en su continuidad. En Nazario y Celso se honra el testimonio martirial; en Víctor I, se celebra la solicitud pastoral por la unidad y la enseñanza. En conjunto, el calendario litúrgico subraya que la fidelidad a Cristo se expresa tanto en la confesión hasta la sangre como en la defensa de la fe y la disciplina eclesial.3,1,4
San Víctor I, papa
Datos básicos y fechas del pontificado
San Víctor I es presentado en la referencia consultada como el papa que sucedió a san Eleuterio. Las dataciones exactas varían según los esquemas históricos antiguos y las fuentes interpretadas por los estudiosos, pero el material de referencia sitúa su pontificado aproximadamente entre los años 189 y 198/199 (con discrepancias en la cronología transmitida).1,4
La tradición textual utilizada en la enciclopedia indica también que una biografía (el Liber Pontificalis) lo presenta como originario de África y que ese dato se formula en conexión con catálogos pontificios.4,1
Víctor I y la controversia sobre la Pascua
Uno de los rasgos más conocidos de Víctor I en la historia eclesial antigua es su actuación en favor de la unidad en la celebración de la Pascua. Según se explica, algunos cristianos de origen asiático en Roma seguían la práctica de celebrar la fiesta según su tradición local (asociada al 14 de Nisán), lo cual generaba tensiones al confrontarse con la práctica romana y con otras comunidades.1
En ese contexto, el papa habría intentado unificar la observancia para evitar una separación que no fuera solo «de costumbre», sino que pudiera interpretarse como falta de comunión. Se informa que Víctor convocó o promovió reuniones episcopales y escribió a responsables eclesiásticos para buscar un consenso.1
Excomunión y reacción de otros obispos
La fuente de referencia también recoge que, en torno al año 190, Víctor I habría excomulgado a los cristianos «asiáticos» que no aceptaban el modo unificado de celebrar la Pascua, tal como refiere Eusebio. A la vez, se registra que algunos autores posteriores (incluido un pasaje referido a la lectura de Calvino) mencionan críticas y discusiones: se observa que san Ireneo y otros habrían censurado la severidad, al entender que la disciplina no debía romper de tal manera la comunión por razones que otros veían como de tradición local.6,2
Al mismo tiempo, la misma tradición apologética que resume la controversia señala que, aun admitiendo que se juzgó «imprudente» en algunos momentos por ciertas figuras, con el tiempo la Iglesia habría estimado que la decisión del papa era prudente.2
En términos católicos, el punto importante no es solo el episodio disciplinar, sino el principio: la Iglesia busca unidad, y cuando una diversidad litúrgica toca elementos de fe o de comunión, puede generar conflicto. Víctor I aparece como un pastor que quiso proteger esa unidad.1,2
Víctor I y el rechazo de errores doctrinales: Teódoto el curtidor
Además del ámbito litúrgico, la referencia consultada subraya el conflicto doctrinal provocado por Teódoto el curtidor. Se afirma que Teódoto enseñó una interpretación considerada herética sobre Cristo, presentándolo como un hombre al que el Espíritu Santo dotó de poder de manera especial en el bautismo. Frente a ello, Víctor I habría condenado la herejía y excluido a Teódoto de la Iglesia.1,4
Este mismo punto es reforzado por otra fuente antigua citada en la investigación: se recuerda que Víctor I, en efecto, excomulgó a Teódoto por ser «padre» de una apostasía «negadora de Dios», y se usa este dato como argumento para mostrar que Víctor no compartía las opiniones atribuidas al grupo adversario.7
¿Fue mártir?
Algunos desarrollos hagiográficos o litúrgicos presentan a Víctor I con un tono cercano al martirio. Sin embargo, la misma fuente consultada indica que no hay razón sólida para suponer que realmente muriera como mártir: se afirma que falleció antes de que comenzara la persecución de Septimio Severo y que, por tanto, no se dispone de una base fuerte para atribuirle martirio histórico. Lo que sí habría sido real es su celo, que le expuso a persecuciones «por las que, solo por eso, podría merecer los honores de mártir en el culto litúrgico».4
Esta distinción es importante: en la vida de los santos puede existir diferencia entre lo que la liturgia conmemora de manera expresiva y lo que la historiografía puede documentar. La Iglesia, al proponer ejemplos a la veneración, no siempre conserva la misma precisión biográfica en todos los detalles.
Relación entre Nazario, Celso y Víctor I en la memoria eclesial
Aunque Nazario y Celso se sitúan por su núcleo histórico en Milán con san Ambrosio, y Víctor I se sitúa como papa en Roma, su unión aparece en el ámbito del culto. Las fuentes señalan explícitamente que la fiesta de los mártires Nazario y Celso se celebra junto con las memorias de Víctor I e Inocencio, y que incluso su presencia aparece en el canon de la misa milanesa.4,3
Este «encaje» litúrgico revela una intención pastoral: presentar a los fieles un mosaico de fidelidad cristiana. De un lado, los mártires que confiesan la fe hasta el final; de otro, un papa que protege la unidad y combate errores. Ambos testimonios se resumen en el mismo horizonte: permanecer en Cristo mediante la verdad y la perseverancia.3,1
Celso: una aclaración necesaria para evitar confusiones
En español, «san Celso» puede referirse a realidades distintas según calendarios y tradiciones. En algunos repertorios hagiográficos aparece también un arzobispo de Armagh (Celsus / Ceallach) cuya vida pertenece a otra época y otra geografía.8
Sin embargo, el presente artículo trata de Celso tal como se menciona unido a Nazario como compañero martirial en el contexto de Milán y el hallazgo por san Ambrosio, según la información histórica citada sobre Sts. Nazarius and Celsus.3
Significado espiritual para los cristianos de hoy
Fidelidad que no se improvisa: del testimonio al discernimiento
Los santos Nazario y Celso invitan a entender el martirio no como un accidente heroico, sino como el fruto de una vida marcada por la fe. El relato histórico conservado se centra, más que en el juicio, en el hallazgo de sus restos, pero precisamente ahí se percibe el valor eclesial del testimonio: lo que queda no es el morbo del relato, sino la memoria de la confesión y la presencia de los santos en la oración de la Iglesia.3
Víctor I, por su parte, muestra una fidelidad que actúa en el plano doctrinal y pastoral. La referencia recoge cómo buscó unidad en la Pascua y cómo rechazó errores doctrinales asociados a Teódoto. En esa insistencia se ve que la santidad no es solo emoción religiosa: es también discernimiento, corrección y solicitud por la comunión.1,7
Unidad y caridad: tensiones reales, búsqueda de comunión
La controversia pascual atribuida a Víctor I, con reacciones de algunos obispos, enseña que incluso en temas litúrgicos pueden entrar en juego cuestiones de comunión y de fe. La fuente consultada registra tanto el acto disciplinar como la reacción crítica de san Ireneo y otros, lo cual subraya que la Iglesia ha debido aprender, en la práctica, a armonizar firmeza y caridad.6,2
En la vida cristiana, esto se traduce en una tarea permanente: cuando haya diferencias (en costumbres, acentos o sensibilidades), conviene buscar primero la comunión en lo esencial, y corregir con verdad sin convertir el desacuerdo en ruptura.
Conclusión
Nazario y Celso, tal como lo conserva la historia eclesial, nos llegan por el hallazgo de san Ambrosio en Milán y por el culto litúrgico que la Iglesia sostuvo con el paso del tiempo.3 Junto a ellos, la conmemoración unida con Víctor I presenta un cuadro complementario: el mártir que confiesa, y el papa que custodia la unidad y defiende la fe.4,1
En conjunto, la memoria de estos santos invita a una vida cristiana coherente: permanecer en la verdad, vivir la unidad en la Iglesia y sostener la esperanza incluso cuando el camino implique conflicto, disciplina y perseverancia.2,7
Cuadro resumen
| Cuadro resumen[Datos abiertos] | |
|---|---|
| Nombre | Nazario, Celso y Víctor I |
| Categoría | Santo |
| Fecha | 28 de julio |
| Año | 397 |
| Lugar | Milán |
| Lugar de Nacimiento | África |
| Inicio del Pontificado | 189 |
| Fin del Pontificado | 199 |
| Contexto Histórico | Siglos II‑IV, expansión cristiana en Roma y Milán; controversia pascual bajo Víctor I; veneración de mártires impulsada por San Ambrosio. |
| Importancia | Nazario y Celso son mártires venerados en Milán cuyo hallazgo de restos fue realizado por San Ambrosio; Víctor I, papa de Roma (c. 189‑199), defendió la unidad litúrgica y combatió la herejía de Teódoto. Su celebración conjunta ilustra la integración del testimonio martirial y pastoral en la liturgia. |
| Descripción Breve | Nazario y Celso, mártires de Milán, fueron descubiertos por San Ambrosio en el siglo IV; Víctor I, papa de Roma, impulsó la unidad de la celebración de la Pascua y condenó la herejía, siendo conmemorado junto a ellos el 28 de julio. |
Citas y referencias
- Papa San Víctor I, The Encyclopedia Press 🔗. Enciclopedia Católica, §Papa San Víctor I (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10 ↩11
- Robert Bellarmine. Controversias de la Fe Cristiana (Disputationes de Controversiis), § 806 (1586). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
- Ss. Nazario y Celsus, The Encyclopedia Press 🔗. Enciclopedia Católica, §Ss. Nazario y Celsus (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10 ↩11 ↩12 ↩13 ↩14 ↩15 ↩16 ↩17 ↩18
- San Víctor I, papa y mártir (c. 199 d.C.), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler 🔗: Volumen III, § 205 (1990). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10
- B10 de mayo, Papa Benedicto XIV. Martyrologio Romano, § 10 de mayo (1749). ↩ ↩2
- Robert Bellarmine. Controversias de la Fe Cristiana (Disputationes de Controversiis), § 805 (1586). ↩ ↩2
- (en la Hist. Eccl. de Eusebio, v. 28.), Cayo. Fragmentos de Cayo, §Contra la herejía de Artemón I. ↩ ↩2 ↩3
- San Celsus, o Ceallach, arzobispo de Armagh (1129 d.C.), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler 🔗: Volumen II, § 51 (1990). ↩
