Los Padres de la Iglesia son escritores eclesiásticos de la antigüedad cristiana que se distinguen por la ortodoxia de su doctrina, la santidad de su vida, la aprobación eclesiástica y la antigüedad1. No existe una lista oficial exhaustiva, pero la Iglesia reconoce a un grupo central de figuras que cumplen con estos criterios y cuyas contribuciones han sido decisivas.
Ortodoxia de la Doctrina
La enseñanza de los Padres debe estar en conformidad con la fe católica. Durante las grandes controversias teológicas de los siglos IV y V, la adhesión de una doctrina al consenso de los Padres era prueba de ortodoxia, mientras que su ausencia indicaba herejía2.
Santidad de Vida
Aunque no todos los Padres fueron canonizados formalmente, se espera que hayan llevado una vida ejemplar, que refleje los valores cristianos que predicaban3.
Aprobación Eclesiástica
Sus escritos y enseñanzas deben haber sido reconocidos y utilizados por la Iglesia como expresión de su fe2.
Antigüedad
Generalmente, la era patrística abarca desde los Padres Apostólicos (finales del siglo I) hasta aproximadamente el siglo VIII en Occidente y el siglo IX en Oriente. San Isidoro de Sevilla (m. 636) y San Juan Damasceno (m. 749) son a menudo considerados los últimos Padres latinos y griegos respectivamente.

